Ahora... ¡a por la tauromaquia!

Ahora sí, basta'. Cartel de la campaña 'abolicionista' de las corridas de toros [que aseguran 'no es anti-taurina'] promovida por la plataforma 'Prou' [basta] y respaldada por caras que, a partir de ahora y si menester fuera, no deberán contar con mi contribución para su sustento comercial. Pueden saber de quiénes se trata, en notas.
El incremento de la cohesión territorial que vaticinaba el optimista_profesional, no para de darnos ejemplos. Otra vez en Cataluña, con el socialista cordobés Montilla presidiendo el Gobierno regional. Pasado mañana, viernes 18, se debatirá en el Parlamento de Cataluña la aceptación de las enmiendas presentadas a trámite de la Proposición de Ley de iniciativa legislativa popular [con una Exposición de Motivos que no tiene desperdicio], elaborada con el fin de prohibir las corridas de toros.
Proposición de ley de modificación del artículo 6 del Texto refundido de la Ley de protección de los animales en Cataluña, aprobada por el Decreto Legislativo 2/2008, de 15 de abril. Si en una posterior fase la Proposición se aprobara con el texto inicial, quedaría así:
Artículo 6. Prohibición de peleas de animales y otras actividades.
6.1 Se prohíbe el uso de animales en peleas y en espectáculos u otras actividades si les pueden ocasionar sufrimiento o pueden ser objeto de burlas o tratamientos antinaturales, o bien si pueden herir la sensibilidad de las personas que los contemplan, tales como los siguientes:
- a.Peleas de perros.
- b.Peleas de gallos.
- c.Matanzas públicas de animales.
- d.Atracciones feriales giratorias con animales vivos atados y otras asimilables.
- e.Tiro al pichón y otras prácticas asimilables.
- f. Las corridas de toros y los espectáculos con toros que incluyan la muerte del animal y la aplicación de las «suertes» de la pica, las banderillas y el stock, así como los espectáculos taurinos de cualquier modalidad que se celebren en las plazas de toros o fuera de ellas.
6.2 Quedan excluidas de estas prohibiciones:
- a.Las fiestas con novillos sin muerte del animal (correbous) en las fechas y localidades
donde
-
Silencio tras tres avisos
Desengáñesen los lectores, ellos siguen 'haciendo camino', como en las encuestas del domingo.
Cuando el Gobierno de España da a la catalana cultura mixta la falsa naturaleza de homogeneidad, una parte de la misma -en este caso aquella de la que se ha apropiado el nacionalismo- se merienda a la otra. Y la tauromaquia, qué duda cabe, forma parte de la ésta última.
Cuestión de apoyo, convicción, coraje, constancia, interés. Por defender lo que entienden que es suyo.
Salvando las diferencias, es lo mismo que está ocurriendo en el ámbito europeo con la cultura islámica en Europa: también va haciendo camino.
Así pues, estamos recogiendo la siembra inoperante de la Constitución del 78, por dejación del Gobierno de la Nación. En la magna carta se estableció el principio de armonización mediante Leyes de Bases y el principio del control a través de la Inspección Central del Estado. Agua de borrajas. Cada cual en su casa y el poder central en terreno de nadie.
Por otra parte, la liquidación más rápida de la cultura que al nacionalista le hace 'sentirse incómodo' se produce a través de la educación, que, estando en sus manos, en pocos años consigue el aplauso al intento de eliminar los 'souvenirs' españolistas de La Rambla [otra vez los dichosos toritos] y, ahora, la 'fiesta nacional'.
La mayoría silenciosa no cuenta. Ni en en Cataluña ni en España. Por algo es silenciosa. Quizás no se dé ni cuenta. O peor: le importa un rábano. ¡Ah, la terrible desvertebración social!
La cosa se inició con Barcelona anti-taurina 2004. Silencio. Continuó en el 2006 con el demencial intento de convertir a los taurinos en violentos de género. Silencio. Para llegar a la teoría ecologista de la barbarie.
Si los taurino_titiriteros, incluídos los mediáticos, no lo impiden, a éste último toro le aguarda el corral.
En Cataluña, algun día encontraremos dificultades para tomarnos un pulpo a la gallega.
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pd.-
- Estoy con Ortega -el filósofo, no el torero- en que se trata de una enfermedad crónica de las que no te matan pero... ¡qué jodido es convivir con la jodida matraca!
- El País colaborando en la potencial abolición, con un alucinante titular en la portada de hoy: 'El declive de los toros ya está aquí. Cataluña vota mañana sobre su prohibición'. ¡Si el que fue enorme cronista taurino de ese peiódico, Joaquín Vidal, levantara la cabeza! A este paso, con la ayuda del tripartito, dentro de nada titulará: 'El declive de España ya está aquí. Cataluña vota mañana sobre su independencia'.
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¡Toro, eh, toro!
A. Espada en El Mundo por dentro, 161209.
No veo al periódico metido en el asunto de los toritos catalanes. Las referencias al asunto se limitan a la edición local, como si este no fuera un asunto general, es decir, un asunto que interesa a otros ciudadanos españoles. Es un viejo problema. Una de las victorias más importantes del nacionalismo ha sido el troceamiento local de los problemas generales. Se comprende que el nacionalismo lo haga. Pero no que lo haga el periódico. El nacionalismo, además, ha conseguido reforzar de manera indirecta el localismo madrileño. Hay personas en Madrid, aunque es justo reconocer que eso también pasa en Washington, que ante el troceamiento nacionalista han decidido contratacar elevando su trozo local a una categoría federal. Así, muchos de los asuntos relacionados con Esperanza Aguirre, sus bancos o sus televisiones. El periódico se ocupa más de las manoletinas de la señora Aguirre que de las de José Tomás. Los toros, en fin, no son un asunto municipal. No lo son económica, política ni culturalmente. Tampoco lo son desde un punto de vista moral. El nacionalismo es un achique de espacios, desde luego. Y el que lo sufre más es el disidente.
Toros, lengua y estigma
El Parlamento catalán debate una iniciativa de 'tono ecologista' sobre la abolición de las corridas de toros que enfrenta a partidarios y detractores de la 'fiesta'. Pero el asunto es más complejo de lo que parece
Víctor Gómez Pin en El Pais, 16/12/2009.
El 18 de diciembre se debatirá en el Parlament de Catalunya la aceptación a trámite de una iniciativa popular tendente a abolir las corridas de toros. Esta medida se inscribe en una secuencia de proyectos análogos, con arranque en abril de 2004, tras la declaración consistorial de Barcelona como ciudad anti-taurina.
Un segundo paso fue la moción abolicionista presentada también en el Parlament hace tres años, votada favorablemente, aunque postergada a efectos prácticos, quizás por la dificultad para asumir un provocativo párrafo que -evocando pretendidos estudios científicos- atribuía a los taurinos tendencias al abuso "hacia miembros de la sociedad, percibidos por los agresores como más débiles, como pueden ser las mujeres, los niños, los mayores o las personas inmigradas". Que nunca nadie haya pedido disculpas por esas palabras muestra que percibidos como débiles en Cataluña son en todo caso los taurinos, ya que pueden ser vejados en condiciones de total impunidad.
La abolición de las corridas de toros es ahora presentada como el corolario de un proyecto más general, que tendría marcado tono ecologista, apuntando a revitalizar el sentimiento de nuestra pertenencia a la naturaleza y la exigencia de proteger la biodiversidad. Tras estos argumentos abolicionistas es indudable que subyace un enorme problema filosófico y científico, en el que está en juego la concepción misma del hombre y de su lazo con las demás especies. Desde luego, una interpretación reduccionista del alto grado de homología genética que se da entre humanos y otros animales puede dar lugar a una revolución en el concepto que tenemos de comportamiento ético. Éste no pasaría ya por la exigencia de no instrumentalizar a los seres de razón, de tratar al hombre como un fin y nunca como un medio, sino por la empatía con todos los seres susceptibles de sufrimiento, en cualquier caso con aquellos dotados de sistema nervioso central.
Esta nueva ética tendría sin duda la dificultad de la coherencia, pues ¿cómo renunciar a la instrumentalización -empezando por esa forma mayor que es alimentarse de ellos- de seres dotados de sistema nervioso central, sin poner en entredicho las condiciones mismas de supervivencia de los humanos?
Una de las organizaciones que apoya la abolición con loable coherencia (pues, a diferencia de otras, se niega a hacer excepción de las fiestas consideradas oriundas de Cataluña, y que quedan prácticamente blindadas si prospera la presente iniciativa) dice en una resolución interna que "la tortura y los espectáculos crueles e inhumanos con los animales no pueden justificarse bajo la consigna de la tradición y la cultura". No puedo estar más de acuerdo.
Si la corrida de toros transgrediera ciertos imperativos éticos universales e irrenunciables (cosa que sí hace el que practica la vivisección sin anestesia de mamíferos superiores, o simplemente maltrata a su perro, confinándole en espacios donde no puede realizar su naturaleza) sería simplemente obsceno pretender defenderla en base a argumentos de fidelidad a tradiciones. El problema reside precisamente en determinar si la tauromaquia infringe alguno de estos imperativos absolutos. Obviamente los taurinos lo niegan y hasta suelen manifestar su sorpresa de que pueda considerárseles enemigos del pensamiento ecológico, o de carecer de sensibilidad para con los animales.
Ecólogos, desde preservadores de medio ambiente en la baja Andalucía hasta responsables de los parques de la Camarga francesa; economistas, ganaderos o veterinarios, coinciden en que el mantenimiento de esos espacios que son las dehesas (parques auténticamente naturales, donde un animal criado por el hombre goza de condiciones para realizar su naturaleza específica, es decir, para actualizar todas las potencialidades para las cuales se halla genéticamente dotado) sería inviable sin la fiesta de los toros. Y enfatizan el hecho de que para el toro la corrida no significa tanto sufrimiento como combate (de 15 minutos tras una vida enteramente libre de más de cuatro años), combate que en absoluto rehúye, lo cual sería incomprensible si se busca la analogía con un ser torturado.
Los taurinos ponen asimismo de relieve que su contemplación del sacrificio del animal nada tiene que ver con una complacencia ante el sufrimiento del mismo. El sacrificio sería simplemente el precio por un rito de marcado peso simbólico y artístico, precio no mayor que el de tantos otros que se dan en las culturas europeas o no europeas.
¿Argumentos discutibles? Sin lugar a dudas, pero en cualquier caso es lógico exigir que no se tomen decisiones irreversibles al respecto antes de que un debate sereno haya tenido lugar, debate que ha de comprometer a sociólogos, ecólogos, filósofos, genetistas, artistas, etcétera. Las decisiones políticas en materia de costumbres y de ética han de ser expresión de este sereno deliberar y no preceder o sustituirse al mismo.
El problema ético de la relación con los animales afecta hoy a muchos colectivos, desde consumidores de ciertos productos gastronómicos, hasta pescadores, pasando por empresarios de la avicultura industrial o propietarios de animales domésticos. La misma dificultad que presenta la generalización de prohibiciones que supondrían la desaparición de actividades de gran peso económico hace que las propuestas abolicionistas sean permanentemente diferidas.
Los taurinos tienen, sin embargo, la sensación de una suerte de agravio comparativo y que, aun en una sociedad en la que muchas otras actividades susceptibles indiscutiblemente de violentar la conciencia ecologista o animalista son toleradas (simplemente por la relación de fuerzas), los taurinos son erigidos en chivos expiatorios, en nombre de una utilización política de la ecología, a veces sin relación con la ciencia ecológica, de cuyos corolarios los taurinos serían quizás ardientes defensores, simplemente si se les diera la posibilidad de posicionarse en un debate racional.
Y en otro orden de cosas, la radicalidad de los anatemas que se vierten sobre la fiesta de los toros es vivida como una suerte de repudio, no sólo por los taurinos, sino por tantos otros ciudadanos de Cataluña que, sin haber pisado nunca una plaza de toros, saben que la tauromaquia constituye una referencia de primer orden y una nota de identidad cultural para algunos de sus amigos o conocidos, y que lo era en cualquier caso para sus mayores. Entre estos últimos, a veces personas que fueron víctimas de la depredación económica por el franquismo de sus lugares de origen, y en consecuencia dolosamente forzadas a emigrar; personas que hoy son parte incuestionada del tejido social de Cataluña y probablemente han apoyado en su mayoría a las organizaciones constitutivas del llamado Tripartit; personas que hoy son padres de jóvenes cuya lengua propia es el catalán, y que no aciertan a entender que, en nombre de la pretendida voluntad de estos mismos hijos, se repudie algo que ha marcado hasta las metáforas de su lenguaje; personas en definitiva que sí han apostado a que una Cataluña soberana -y eventualmente independiente- se forjaría como espacio integrador de la diversidad de lenguas y culturas de los que en ella habitan: "No estigmatizar ni a los que están en contra ni los que están a favor, sea cual sea su idioma de origen", decía el entonces alcalde Joan Clos, tras el pleno que declaraba el carácter antitaurino de la ciudad de Barcelona. Si se trataba meramente de defensa de los animales, ¿a qué venía esta farisaica alusión a la lengua? Conviene, en efecto, evitar que ese sello candente al que remite la palabra estigma sea impreso como marca de infamia, ni siquiera en aquellos que "por su idioma o su origen" podrían ser considerados mayormente susceptibles de abrigar vergonzosos sentimientos de empatía con lo que significa la fiesta de los toros.
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Víctor Gómez Pin es Catedrático de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB), afiliado a Iniciativa per Catalunya.
François Zumbiehl en ABC, 161209.
Por los avances tecnológicos del momento y por las dinámicas económicas vivimos en un mundo cada vez más globalizado. Pero -¡ojo!- globalización no significa neutralidad. Por el contrario una guerra ideológica, más o menos subterránea, infiltra todos los campos de la cultura. Y no cabe duda de que las referencias y los modelos de vida de los países del norte, especialmente anglosajones, están en vía de imponerse a los demás pueblos a través de sus numerosísimas producciones audiovisuales y sus potentes medios de comunicación. La corrida no tiene cabida en estas sensibilidades norteñas, sobre todo por el espectáculo de la muerte, y muchos quieren acabar con ella.
Es la razón por la cual los aficionados hoy en día no pueden mantenerse en una actitud pasiva. Frente a sus adversarios empedernidos tienen la obligación de defender y justificar, pacíficamente pero con firmes argumentos, su amor por la Fiesta. Para ello se pueden apoyar sobre dos textos fundamentales, firmados por el conjunto de los países miembros de la Unesco: la Convención sobre la protección de la diversidad de las expresiones culturales (2005), que marca como única condición el respeto de la declaración universal de los derechos humanos, y la Convención para la salvaguardia del patrimonio cultural inmaterial de 2003.
Cuando uno lee este último texto queda impresionado, pues los cinco criterios enunciados en su artículo 2 para definir el patrimonio cultural inmaterial se aplican a la Fiesta de los toros. Evidentemente ésta forma parte de las artes del espectáculo. Incluso la corrida es el espectáculo vivo por esencia, ya que dentro de unas reglas y un marco definidos - los tercios, los espacios del ruedo y los minutos contados...- todo es efímero y casi todo imprevisible. Por eso la tauromaquia es un arte sublime, según reza la convocatoria para una cena de homenaje al joven Juan Belmonte, redactada por Valle Inclán, Pérez de Ayala y Sebastián Miranda en 1913. También entra dentro de los usos sociales, rituales y actos festivos.
¿Quién no percibe que el toreo encierra una liturgia abundante de gestos inspirados por la coreografía o las exigencias de un ritual: los brindis, el beso del matador a la taza de plata antes de iniciar la faena, los desplantes de cara al público al final de una serie de muletazos o a la muerte del toro...? Pero de manera más fundamental la tauromaquia recoge y hace revivir, adaptándolo a otros entornos y a nuevas sensibilidades, el antiguo fondo de la cultura mediterránea. Como la tragedia griega, la ópera italiana y las semanas santas es una puesta en escena de la muerte, o, mejor dicho, una sublimación de la muerte por el arte, una exaltación de la vida y del espíritu que han sabido triunfar, aunque sea durante unos minutos, de la fatalidad y del reino de las sombras. Representa y reinterpreta a su manera el eterno combate de Teseo con el Minotauro, la victoria de la humanidad sobre la animalidad, siempre cuando aquella haya aceptado previamente correr el riesgo de fundirse con ésta y de bajar con ella a los infiernos, del mismo modo que el toreo más bello y más emocionante es con las manos bajas y una quietud que casi parece abandono.
Todo en el toreo, desde su desarrollo hasta su coreografía, está marcado por la fragilidad y el intento de superarla. Todo es una lucha desgarradora entre el ansia de eternidad y lo efímero. Esta lucha tan humana entre los extremos explica la belleza y la carga emocional que conllevan el temple, la ligazón y el arte de los remates. Sí, la muerte es el punto medular de la Fiesta, la cual sin ella se convertiría en un mero show, como el de Las Vegas. Pero no se trata solamente de la muerte del toro. El toreo mismo nos comunica, en sus más bellas luces y sombras, la evidencia de su mortalidad. Y para intentar inmortalizarlo cuando en realidad ha desaparecido nos queda la fuerza - mortal también- de lo que hemos vivido y sentido. Con el recuerdo y con las palabras procuramos superar la finitud de ese arte tan humano y entrañable, inventando para él, dentro de nuestros límites, un más allá espiritual.
Fuera del ruedo el mundo de los toros alimenta un abanico muy amplio de técnicas artesanales tradicionales cuya permanencia está subordinada a la vigencia de la Fiesta: la confección de los trajes, de los capotes de paseo y de todas las herramientas del toreo, el manejo de los caballos y de los bueyes en las dehesas, la técnica de los tentaderos. Asimismo el toreo alimenta un sinfín de tradiciones y expresiones orales, con su cortejo de términos técnicos, de dichos, de anécdotas que forman parte de la memoria colectiva de los aficionados. Tan es verdad que, como muy bien lo declaró el maestro Ángel Luis Bienvenida, «la torería son las conversaciones».
Teniendo en cuenta todos estos elementos, y para contrarrestar los intentos de abolición de los que no comparten nuestra sensibilidad, es hora de pensar en el proceso de reconocimiento de la Fiesta de los toros como patrimonio cultural inmaterial de la humanidad, al amparo de la Convención de la Unesco. Pero no debemos olvidar los pasos previos: es imprescindible que la tauromaquia esté reconocida como tal por las regiones, comunidades y países en los cuales queda vigente, y por lo tanto que esté inscrita en los inventarios correspondientes del patrimonio cultural inmaterial. De no ser así, el reconocimiento a nivel de la Unesco queda imposible.
Para ello es necesaria una voluntad conjunta, en cada uno de los ocho países taurinos, por parte de las comunidades de aficionados y profesionales, por parte de los investigadores y expertos en el tema, y por parte de los políticos a los que tocará dar cabida a esta empresa ante las instituciones oficiales y competentes. El expediente que se elabore deberá en particular responder a estas preguntas principales: ¿qué significado cultural tiene este espectáculo con la muerte de un toro en un acto público, profundizando lo que he sugerido más arriba? Qué valores éticos y estéticos encierra nuestra Fiesta? ¿De qué modo es un factor de identificación y de autovaloración para las comunidades aficionadas, respetando la diversidad de sus sensibilidades?
Quisiera hacer hincapié en un punto clave a la luz de las preocupaciones de nuestro tiempo. Conviene mostrar en qué modo el mundo de los toros pone en práctica conocimientos y usos relacionados con la naturaleza y el universo, y contribuye de manera ejemplar al desarrollo sostenible. Existen unas evidencias de las cuales no parecen haberse percatado muchos ecologistas de las urbes: la Fiesta está basada sobre el respeto del toro, más propiamente de su animalidad cuyo conocimiento es indispensable para la lidia. ¿El malentendido con los animalistas, y con muchos ciudadanos, no radicará en que éstos quedan todavía fascinados por el mundo de Disney y quieren ver en cada gato, perro o vaca los rasgos de un niño bueno, un sustituto humano, ocultando su verdadera naturaleza de animal?
Por otra parte el espectáculo taurino es la mejor oportunidad para la preservación de la cabaña brava, condenada inmediatamente al matadero el día en que se acaben las corridas. Al lado de los toros criados para la muerte en la plaza viven tranquilamente en las dehesas muchos más animales bravos, sacrificados igualmente en caso de abolición de la Fiesta: vacas de vientre y sementales. Sin olvidar que cada ganadería de bravo es un ecosistema excepcional en nuestra época, en donde conviven, en su paisaje protegido de la agricultura intensiva, innumerables especies de flora y fauna salvaje. Estoy convencido que para fomentar la afición de los jóvenes, tan sensibles al tema ecológico, lo primero y definitivo sería una visita al campo bravo.
Pregunto yo, ¿teniendo en cuenta todas estas razones, no merece la pena emprender esta tarea de reconocimiento de la Fiesta como patrimonio cultural inmaterial de la humanidad? Que el proceso será largo, bien lo sé. Pero puede haber un resultado inmediato y estimulante: que nosotros, los aficionados de los ocho países, reconozcamos y afirmemos la legitimidad de nuestra afición, seamos conscientes de los valores éticos y estéticos inherentes a la Fiesta, y compartamos por el hecho un sentimiento de hermandad.
NOTAS.-
Las caras de la campaña 'abolicionista': Esmeralda Grao, Aurora Beltrán, Natxo Tarres [cantantes]; Jordi Cervello, Gerard Quintana, Elliott Murphy, Pep Sala y Ska-p [músicos]; Francisco Ledesma, Pilar Rahola, Jordi Tarda y Ruth Toledano [periodistas]; Salvador Pániker y Mathew Tree [escritores]; Bruno Oro, Anna Sahun y Paca Gabaldón [actores]; Jesús Mosterin y Josep M. Terricabras [filósofos]; Marisol Galdón, presentadora; Thubten Wangcchen, lama budista; Forges, humorista; Magda Oranich, ex-diputada regional.
Enlaces, corchetes, negritas [con perdón] e imágenes son aportados por EQM.



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Hola dijo
Siendo todo lo que Vd comenta grave, lo peor es esa tendencia actual, parafascista, de prohibir todo aquello que se ponga por delante; o por detrás.
Es gravísimo que lo que no gusta al poder aunque suponga bienestar para parte de la ciudadanía, se intente prohibir.
17 Diciembre 2009 | 12:31 AM