Civilizaciones, cristianismo y Occidente
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'Lo que pertenece a la intimidad es la fe, la creencia. Pero la religión es un hecho público. Las religiones están en nuestro paisaje urbano, en el calendario, en la forma de contar el tiempo y en el arte.'
Ramón Jáuregui [PSOE], en la entrevista del 22 de noviembre de 2004 en la Vanguardia.
Catalanismo laicista
La Universitat Progressista de Verano de Cataluña [UPEC] -¿para cuando la de invierno?-, que tiene en su Consejo Rector y en su Consejo Social la crème de la crème, ha publicado en 2009 un informe de Jordi Serrano i Blanquer, titulado '¿Catalunya ha deixat de ser catòlica?' [¿Catalunya ha dejado de ser católica?], con la conclusión de que la respuesta es SÍ. Aquí para leer el panfletario extracto [en catalán].
Vicenç Navarro, Catedrático de Políticas Públicas de la Universidad Pompeu Fabra y de la 'colla' del 'intelectual' referenciado. publica un fraternal artículo el 241209, basándose en datos del mencionado estudio y extendiendo tal conjetura a toda España: ¿España es católica?. NO, por supuesto.
Pues bien, apoyándome en los datos que manejan, mantengo la tesis contraria.
Veamos:
En España 1996, según el CIS, el 81,9% se define como católico y un 14,6% no católico. En Cataluña 2000, segun E-cristians, el procentaje es de 73-22.Parecería, pues, que la gran mayoría de las poblaciones se definen como católicas y ellas saben porqué.
Así, hay una particularidad que resalta más, si cabe, la importancia de la religión como cultura: el 36% se degine como practicante y el 37% como no practicante. Es decir, el 73% tiene el catolicismo como referencia en su vida ya que, como indica el estudio, los no practicantes mantienen su definición de católicos basándose en su ritual cultural. Sin que, por otra parte, ello quiera decir que el resto -que se manifiesta no creyente- no acepte y/o practique sus principios, sus tradiciones, su moral.
Además, por si faltara poco, en España las CCAA que dedican más fondos a la religión concertada -mayoritariamente católica- son Catalunya y Madrid.
¿Cataluña y España han dejado de ser católica?
PD.- Cuando entras en la web de la UPEC y optas por la opción en español, el resultado es:
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Choque de civilizaciones
Nombre que recibe la teoría propuesta por el profesor en Ciencias Pólíticas Samuel Huntington [EEUU, 1927-2008] acerca de que las relaciones internacionales tendrán como principal fuente de conflicto los enfrentamientos culturales y religiosos.
"[...] Mi hipótesis es que la fuente fundamental de conflicto en este nuevo mundo no será principalmente ideológica ni económica. Las grandes divisiones entre la humanidad y las fuentes dominantes de conflicto serán culturales.
Los estados-nación seguirán siendo los actores más poderosos en los asuntos mundiales, pero los principales conflictos de la política global ocurrirán entre naciones y grupos de diferentes civilizaciones. El choque de civilizaciones dominará la política mundial. [...]"
La presunción fue formulada originalmente en 1992, con motivo de una conferencia pronunciada en el American Enterprise Institute, desarrollada una años después en Foreign Affairs, mediante el artículo "¿El choque de civilizaciones?", en respuesta al libro 'El Fin de la Historia y el último hombre' [1992], de Francis Fukuyama [EEUU, 1952], quien sostenía que el mundo se aproximaba al fin de la historia (en sentido hegeliano), con la la democracia occidental triunfando en todo el mundo.
En 1996 Huntington amplió su tesis en el libro: 'El choque de civilizaciones y la reconfiguración del orden mundial'. Aunque el término fue utilizado de a tal fin por primera vez en 1990 por Bernard Lewis en el artículo publicado en The Atlantic Monthly bajo el título 'Las raíces de la ira musulmana':
"[...] Desde el punto de vista islámico clásico, al que muchos musulmanes están empezando a regresar, el mundo, todos los hombres, se dividen en dos: la Casa del Islam, donde la ley islámica y la fe prevalecen, y el resto, conocido como la Casa de la increencia o la Casa de la Guerra, que es deber de los musulmanes, en última instancia, llevar al Islam.
Pero la mayor parte del mundo todavía está fuera del Islam; incluso dentro de las tierras islámicas, de acuerdo con la opinión de los radicales musulmanes, la fe del Islam se ha visto socavada y la ley del Islam ha sido suprimida. La obligación de la guerra santa por lo tanto comienza en el hogar y continúa en el extranjero, contra el mismo enemigo infiel. [...]
Esto es nada menos que un choque de civilizaciones, la reacción tal vez irracional aunque seguramente histórica, de un antiguo rival contra nuestra herencia judeo-cristiana, nuestro presente secular y la expansión mundial de ambas. [...]"
En un sentido amplio, se puede definir el choque de civilizaciones como una teoría que explica los grandes movimientos políticos y culturales de la Historia Universal por medio de las influencias recíprocas que ejercen entre sí las diversas civilizaciones (por contraposición a las debidas a los enfrentamientos entre estados-nación o ideologías).
Una civilización, en este contexto, es una cultura más o menos cerrada y con una tradición cultural más o menos hermética e impermeable, que por ende se encuentra en oposición a otras civilizaciones con tradiciones diferentes.
Aunque el concepto moderno de civilización es popularizado por Oswald Spengler, la noción de "choque de civilizaciones" fue introducida por Arnold J. Toynbee, si bien éste la restringe al ámbito geopolítico, simplificando los fenómenos de contactos culturales entre civilizaciones. Toynbee considera el fenómeno como un "contacto espacial entre civilizaciones", y lo refiere como un fenómeno de desafío y respuesta (integrado en su teoría cíclica del desarrollo de las civilizaciones). Es decir, el primer "empujón" que una civilización da a otra, es contestado por ésta, lo que a su vez mueve a la primera a enviar un tercer empujón, y así sucesivamente hasta que una de ellas termina derrotada.
El choque de civilizaciones de Samuel Huntington
En su artículo de 1993, Huntington retoma el concepto de Toynbee afirmando que los actores políticos principales del siglo XXI serían las civilizaciones y que los principales conflictos serían los conflictos entre civilizaciones (no entre ideologías, como durante la mayor parte del siglo XX ni entre estados-nación).
Significativamente, las líneas de fractura entre civilizaciones son casi todas religiosas:
- Cultura Occidental, incluye principalmente a países cristianos: Europa y Norteamérica. Podrían existir otras dos "subcivilizaciones":
- El mundo ortodoxo de Europa oriental y Rusia.
- El mundo latinoamericano de Suramérica, Centroamérica, México y gran parte del Caribe.
- El mundo musulmán del Oriente Medio, el Magreb, Somalia, Afganistán, Pakistán, Malasia e Indonesia.
- El pueblo judío, civilización hebrea, la diáspora.
- La civilización hindú, localizada fundamentalmente en la India
- La civilización sínica de China, Vietnam, Singapur, Taiwán y la diáspora china en Asia, el Pacífico y Occidente
- La civilización japonesa, archipiélago del Japón
- El África sub-sahariana
- Las áreas budistas del norte de la India, Nepal, Bután, Mongolia, Birmania, Tailandia, Camboya, Laos y el Tíbet.
Huntington argumenta que desde el final de la Guerra Fría los conflictos mundiales han ocurrido a lo largo de los límites de las civilizaciones, con escasos conflictos en el interior de aquellas. Pone como ejemplo las guerras que acompañaron la desintegración de Yugoslavia, la guerra de Chechenia o los conflictos recurrentes entre India y Pakistán.
También afirma que los conflictos entre civilizaciones son inevitables, puesto que cada una cuenta con sistemas de valores significativamente distintos. Argumenta que el crecimiento de nociones como la democracia o el libre comercio desde el fin de la Guerra Fría sólo ha afectado realmente a la cristiandad occidental, mientras que el resto del mundo ha intervenido escasamente.
Huntington igualmente arguye que el nivel de crecimiento del Asia oriental hará de la civilización sínica un poderoso rival de Occidente.
Es decir:
Durante las décadas de la guerra fría, expone Huntington, los conflictos mundiales tenían raíces de orden ideológico y económico; inicialmente el planeta estaba configurado en dos bloques, el occidental o capitalista y el bloque comunista; posteriormente, se formó un tercer bloque, el de los países no alineados.
Con la caída del bloque comunista se esperaba que el otro bloque, el occidental, se impusiese plenamente, pero no ha sido del todo así sino que, contrariamente, ha emergido un mundo plural, un mundo de civilizaciones. No se ha instaurado, como muchos profetizaban, la victoria final de Occidente sino que se ha dado un resurgimiento o una reafirmación de viejas civilizaciones.
Resurgimiento y reafirmación que han comportado un alejamiento y un rechazo de todo aquello que proviene de Occidente, que han supuesto un retorno a los más autóctonos orígenes culturales: unos orígenes que son fundamentalmente religiosos. Así, pues, emergen unas viejas civilizaciones que tienen en una religión su más profunda identidad.
¿Cuáles son estas civilizaciones emergentes? Constata (1996) el resurgir islámico (muchos países que en las décadas de la guerra fría asumían el marxismo-leninismo o que formaban parte de los países no alineados, actualmente encuentran su identidad y esperanza en el islam), la civilización china (la milenaria China recupera el confucionismo], la concepción de la vida del maestro Confucio, del siglo VI antes de Cristo), la civilización japonesa (formada a partir de la china pero con tradiciones propias), la civilización hindú (que tiene un núcleo cultural de más de tres mil quinientos años), la civilización ortodoxa (emparentada con la Occidental pero que remarca las diferencias), también la civilización budista y, con futuro impreciso, la civilización africana y la latinoamericana.
Este nuevo orden mundial tiene sus riesgos. Las civilizaciones emergentes se consideran superiores a la de Occidente, con valores morales más auténticos. Huntington prevé que, por vía del desafío demográfico (el 2025 más del 25% poblacional mundial será musulmana) o por vía del crecimiento económico (el 2025 Asia incluirá siete de las debe economías más fuertes del planeta) o por vía de la militancia creando inestabilidad, el poder y los controles de la civilización occidental se desplazarán hacia las civilizaciones no occidentales.
El retorno a las culturas autóctonas o indigenización dificulta hablar de principios éticos y valores universales. Para muchos chinos y para muchos musulmanes la democracia y la misma Declaración Universal de Derechos Humanos son creaciones occidentales, no universales.
Muchos han querido ver en los atentados del 11 de septiembre en Nueva York y en los ataques occidentales a Iraq y Afganistán la confirmación de las tésis de Huntington. Otros puntos a favor de sus tésis parecen ser el aumento de la tensión entre Corea del Sur y Estados Unidos acerca de cómo tratar con Corea del Norte. Más aún, de acuerdo con las doctrinas clásicas de las relaciones internacionales, los países de Asia oriental debieran haberse aliado para crear un contrapoder a China, pero eso no ha sucedido. En su lugar, muchos países, como Corea del Sur, están mejorando sus relaciones con China.
Las ampliaciones de la Unión Europea en 1995 y 2004 llevaron la frontera oriental de la unión hasta el límite identificado por Huntington entre las civilizaciones ortodoxa y occidental. Con estas ampliaciones, la mayor parte de la Europa tradicionalmente católica o protestante pertenece a la Unión Europea. Mientras que la mayoría de los países históricamente ortodoxos o musulmanes están fuera (salvo Grecia y Chipre). Está por decidir qué ocurre con los países de la Europa ortodoxa. Bulgaria y Rumanía son integrantes plenos desde del 1 de febrero de 2007.
Al mismo tiempo, la petición de Turquía para unirse a la unión está causando un debate considerable. El punto fundamental, no siempre reconocido abiertamente, es el carácter musulmán de Turquía (esto es, su pertenencia a otra civilización). La solución a estos enigmas se resolverá en los próximos años. Por una parte viendo qué países ingresan en la Unión Europea. Por otra, dependiendo del rumbo político de la Unión: si evoluciona hacia una unión política más estrecha o deviene una simple zona de libre comercio.
Fuente: Wikipedia, otras y elaboración propia [EQM]
El cristianismo en España
Tiene una larga historia: casi dos mil años, según la leyenda que remonta sus orígenes a la evangelización de la Península Ibérica, en el mismo siglo I, por el apóstol Santiago el Mayor (vinculado a las historias de la Virgen del Pilar de Zaragoza y del milagroso transporte de su cadáver hasta Compostela), y por San Pablo, cuyo viaje a Hispania es improbable, pero de quien al menos consta su voluntad expresa de emprenderlo:
Saldré para España, pasando por vuestra ciudad, y sé que mi ida ahí cuenta con la plena bendición de Cristo.
Epístola a los Romanos. 15, 28 y 29
Tras haber sido impuesto como religión oficial en el último siglo del Imperio romano, el cristianismo sufrió las vicisitudes de una prolongada Edad Media, que comenzó experimentando la segregación entre el arrianismo que traían los invasores germánicos y el catolicismo de los hispanorromanos (hasta la conversión de Recaredo en 586), para pasar a enfrentarse con el Islam en la Reconquista, periodo que presenció tanto la tolerancia como los intentos de erradicación entre religiones alternativamente dominantes.
La conformación de los reinos que terminaron reuniéndose en la Monarquía Católica o Monarquía Hispánica del Antiguo Régimen se hizo en gran medida a través de la construcción de una personalidad fuertemente religiosa, representativa del dominio social del grupo que se identificaba a sí mismo con el concepto étnicamente excluyente de cristiano viejo, y que desembocó en lo que ha podido llamarse política de "máximo religioso" de los Reyes Católicos, incluyendo la creación de la Inquisición española, la expulsión de los judíos y el bautismo forzoso de los moriscos, así como una fuerte reforma institucional del clero, a cargo del cardenal Cisneros.
La Iglesia española de la Edad Moderna fue desde entonces un mecanismo disciplinado y al servicio de la monarquía y los estamentos privilegiados, poco accesible a las innovaciones de la Reforma luterana, que sólo alcanzó a círculos minoritarios (algunos, incluso con poca relación con el luteranismo, como los alumbrados), con lo que los conflictos religiosos de España no fueron comparables a los que desgarraron Francia, Inglaterra o Alemania en esa misma época. España, garantizado el consenso interior en materia religiosa gracias al férreo control social, fue un firme bastión del catolicismo romano, que los reyes de la Casa de Austria reclamaban defender en sus guerras exteriores en Europa (frente a luteranos o anglicanos, aunque a veces llegaran a enfrentarse a la católica Francia o a los mismísimos Estados Pontificios), en el Mediterráneo (frente a los turcos) y en la colonización de América (justificada como evangelización, no sin reflexiones en contra, como la de Bartolomé de las Casas).
En cambio sí se produjeron fortísimos debates, como el que se dio en torno al erasmismo, vinculado a la resistencia a la modernización en las órdenes religiosas. Durante el siglo XVI se suscitó un movimiento reformista de carácter místico en el que se implicaron con no pocos enfrentamientos los carmelitas Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz; también en el contexto de la Contrarreforma fundó San Ignacio de Loyola la muy influyente Compañía de Jesús. La complaciente imagen de una España "más papista que el Papa", o "martillo de herejes, luz de Trento, espada de Roma", cuyas ciudades se disputaban la primacía en el fervor mariano (votos asuncionista y concepcionista), tuvo su caricatura en la Leyenda Negra que fijó el estereotipo del español como adusto, cruel, intolerante y supersticioso.
La mayoritaria identificación de lo español con la versión más rancia del catolicismo, o la minoritaria resistencia a ello, empapó buena parte de la mentalidad y la literatura española: siglos más tarde, Valle Inclán plasmó en tres adjetivos el retrato de ese eterno y quijotesco hidalgo español, el Marqués de Bradomín como "feo, católico y sentimental". Con la caída del absolutismo y la abolición de la Inquisición en el siglo XIX se produce también la aparición de las primeras comunidades protestantes en España, que en principio son sólo toleradas con severas restricciones para la práctica de su culto.
La crisis del Antiguo Régimen, rematado por la Guerra Carlista, destruyó las bases económicas y el monopolio ideológico e intelectual del clero, así como buena parte del consenso social existente hasta entonces, pudiéndose hablar a partir de la Edad Contemporánea de Dos Españas que tenían en la oposición anticlericalismo/catolicismo integrista una de las grietas separadoras que las condujeron a una Guerra Civil. Ésta fue justificada como cruzada por el clero, víctima de una violentísima represión en la retaguardia republicana (que se ha llegado a calificar de persecución religiosa recordada desde el pontificado de Juan Pablo II con canonizaciones multitudinarias).
Para el primer franquismo, el nacionalcatolicismo fue una de sus principales señas de identidad, además de componer los "católicos" una de las familias en que Franco se apoyaba en el ejercicio de su poder. Tras el Concilio Vaticano II, la jerarquía católica aparece dividida entre una orientación progresista y otra conservadora (sin que esa diferencia, como la que también existe entre una orientación centralista y otra más cercana a los nacionalismos periféricos le impida mantener la unidad estrechamente coordinada y controlada desde el papado).
Simultáneamente, las comunidades cristianas de base se alinean claramente con la oposición al franquismo. La Transición supuso la plena libertad religiosa según la Constitución de 1978, que no obstante reconoce la peculiar condición de la Iglesia Católica, protegida en cuestiones relativas a la financiación y la enseñanza (conciertos educativos y asignatura de religión), lo que ha dado origen, ya en plena democracia, a algunos enfrentamientos con movilizaciones masivas. Otras cuestiones que separan a la Conferencia Episcopal de los sucesivos gobiernos han sido asuntos relacionados con la moral, como el divorcio, el aborto o el matrimonio homosexual.
No han sido tanto las conversiones sino la reciente incorporación a la sociedad española de numerosos contingentes de inmigrantes lo que ha ampliado la presencia de confesiones cristianas no católicas, sin conflictos significativos, además de aportar una numerosa población musulmana de más problemática integración. Pero el mayor desafío a la personalidad cristiana de España es la secularización de la sociedad, creciente desde el desarrollismo del franquismo final. Si son significativas las encuestas de práctica religiosa, el cambio social del último medio siglo ha sido mucho más agresivo que la frase de Manuel Azaña en 1931: España ha dejado de ser católica.
Sin embargo, la pervivencia de las tradicionales manifestaciones multitudinarias de religiosidad popular, vertebradoras de la identidad local de la práctica totalidad de pueblos y regiones españolas, y de nuevas instituciones con presencia social decisiva (Cáritas, colegios religiosos, medios de comunicación) siguen haciendo del cristianismo, en su versión católica, el principal referente ideológico y social; incomparablemente más importante, en términos cuantitativos, que partidos políticos, sindicatos o movimientos culturales como la música o el deporte.



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Zarzuela dijo
Una información muy interesante. Como siempre, Quicio nos hace llegar la historia y las opiniones más importantes sobre un tema latente e inquietante.
26 Diciembre 2009 | 09:57 AM