José Saramago [Portugal, 1922-2010]
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José Saramago. Vía El País.
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Escritores, militantes, comprometidos
Fue un buen escritor, periodista y pensador, pero me repatean los adjetivos de intelectual comprometido y/o militante, de izquierdas. Como si cada cual no lo fuera a la manera de cada quien. Y, claro, si lo hubiera sido de derechas, incluso con mucha menor radicalidad, los vociferantes mediáticos callarían, como en el caso, verbigracia, de Torrente Ballester o de Laín Entralgo. Compromisos y compromisos.
Él se caracterizó por mantener el ruinoso marxismo-leninismo como panacea -hasta el punto de presentarse, perdiendo, por el Partido Comunista Portugués, en coalición con otras fuerzas, a las elecciones europeas en 2004- y por 'joder con la pelota' en los asuntos de España: Memoria Histórica, Garzón, Haidar, etc. Como si en Portugal no hubiera nada que rascar, por ejemplo, respecto al salazarismo o a la 'Revolución de los Claveles'. Por mí no quedó.
Una pena. Porque esa actitud de tintes pseudopublicitarios le ha restado y restará muchos lectores. También contribuirá a ello -por qué no decirlo- la pesadez de algunos de sus textos, al alcance sólo de gente con demostrada resistencia.
En la muerte de José Saramago
S. González en su blog, 190610.
Era un buen escritor arraigado intelectualmente en una infancia pobre y portuguesa que alimentó hasta ayer mismo su sentido del orden y de la justicia, clasificando ambos valores con el criterio opuesto al enunciado por Goethe. Leí con interés y gusto tres libros suyos: 'La balsa de piedra', 'El Evangelio según Jesucristo' y 'Ensayo sobre la ceguera' y perdí el interés por las causas que abrazaba.
En parte, porque en dichos asuntos, le nivel lo ponían Almudena Grandes y Pilar del Río; en parte porque sus convicciones éticas en tanto que abajofirmante eran más volátiles que las que alimentaban su literatura. Explicaré mi decepción. El régimen cubano hizo fusilar el 2003 a Lorenzo Capello, Bárbaro Sevilla y Jorge Luis Martínez por secuestrar una lancha para huir del paraíso. Durante el secuestro no se produjo derramamiento de sangre. José Saramago estuvo entonces a la altura:
Hasta aquí he llegado. Desde ahora en adelante Cuba seguirá su camino, yo me quedo. Disentir es un derecho que se encuentra y se encontrará inscrito con tinta invisible en todas las declaraciones de derechos humanos pasadas, presentes y futuras. Disentir es un acto irrenunciable de conciencia. Puede que disentir conduzca a la traición, pero eso siempre tiene que ser demostrado con pruebas irrefutables. No creo que se haya actuado sin dejar lugar a dudas en el juicio reciente de donde salieron condenados a penas desproporcionadas los cubanos disidentes. Y no se entiende que si hubo conspiración no haya sido expulsado ya el encargado de la Oficina de Intereses de Estados Unidos en La Habana, la otra parte de la conspiración.
Ahora llegan los fusilamientos. Secuestrar un barco o un avión es crimen severamente punible en cualquier país del mundo, pero no se condena a muerte a los secuestradores, sobre todo teniendo en cuenta que no hubo víctimas. Cuba no ha ganado ninguna heroica batalla fusilando a esos tres hombres, pero sí ha perdido mi confianza, ha dañado mis esperanzas, ha defraudado mis ilusiones. Hasta aquí he llegado.
No fue una actitud duradera. Esa raya, "Hasta aquí he llegado", estaba dibujada en arena de bajamar. Tres años más tarde, a raíz del agravamiento del estado de salud de Fidel Castro, su plante frente a la represión castrista era una raya en el agua y volvía a ejercer como abajofirmante para exigir a EEUU que no invadiera Cuba.
¿Existe el alma? El cineasta mexicano Alejandro González Iñárritu cree que sí. Y determinó su peso exacto en el título de una película: '21 gramos', que es, al parecer, el levísimo adelgazamiento de un agonizante en el momento de pasar a ser cadáver. Es a todas luces un titular inadecuado, sean cuales fueren las convicciones del lector, porque plantea una aporía: por una parte, no puede desaparecer lo que no existe. Pero si afirmamos la existencia del alma, es justo lo único que no desaparece. 'Público' destaca por la calidad de los obituarios. Escriben sobre el escritor sus iguales: No la crema de los escritores, no los premios Nobel, Camo es o Cervantes, sino sus pares en la abajofirmancia. Y claro, la cosa gana en vistosidad, pero pierde en excelencia. Escribe el pobre Cayo Lara:
Estuvimos de acuerdo en la necesidad de seguir manifestándose [concordancia de sujeto, Cayo: manifestándonos] por una salida de progreso a la crisis en la que resulta muy importante la movilización, pero que debe ir acompañada con razones y argumentos.
Admiraba el [al] escritor José Saramago desde hace muchos años, pero no le [lo] conocí hasta 1999, en un curso de verano de El Escorial dirigido por mí. Saramago habló ese día sobre la vida y el compromiso político de la juventud. Y satinó [sic] su intervención con sus clásicas teorías escépticas sobre el futuro del mundo. Veías a todos los jóvenes cautivados por su discurso, como él lo hacía [redundante; si él estaba haciendo su discurso sobra precisar "como él lo hacía"]: deslavazado en apariencia, pero con la fuerza suficiente [califictivo inadecuado: para explicar que el discurso era deslavazado sólo en apariencia, habría sido mejor escribir 'fuerza intrínseca', por ejemplo. Decir que tenía la fuerza suficiente equivale a admitir que era deslavazado, pero no mucho] para llevarles al final a donde quería: a escuchar el mensaje de esperanza en un hombre que ya entonces contaba con 77 años. [No, Baltasar, vamos a ver: los chicos ya estaban allí desde el principio. Decir que el lenguaje deslavazado ma non troppo empleado en su charla del Escorial tenía como objetivo llevarles a escucharla es un absurdo: cuando la estaban escuchando, ya habían ido].
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Un leninista conservador
Basilio Losada, en ABC, 190610.
José Saramago y yo mantuvimos una amistad muy firme durante muchos años, que se prolongó incluso cuando dejé de ser su traductor. Él era leninista, yo no, pero, aunque de gesto y maneras serias, era un hombre muy abierto, al que nunca vi pelearse con nadie. Era una persona de muy sólidas convicciones, quizá un leninista conservador, podríamos decir, alguien profundamente honesto con su ideario, que jamás abdicó de sus ideas ni tan siquiera tras el desmoronamiento de la Unión Soviética.
Pero, sin ninguna duda, lo que va a quedar son sus libros, sobre todo los primeros, piezas fundamentales de la literatura del siglo XX, como «Memorial del convento», que para mí es su obra principal. También fue la primera que leí y sobre la que hablé con la editorial Seix Barral. A ellos, entonces, les pareció que un escritor portugués no podía tener éxito en España y me pidieron más detalles sobre él.
Les hablé de «El año de la muerte de Ricardo Reis», y eso les convenció, porque todo lo que está alrededor de Pessoa sí vende, incluso yo mantuve durante treinta años una cátedra dedicada a Pessoa en la que siempre tenía cien alumnos. Entonces decidieron editar «El año de la muerte de Ricardo Reis» a ver si funcionaba, y luego el «Memorial». Y funcionaron, fue una campanada, el descubrimiento de un gran escritor, un escritor de público, con muchísimos lectores.
Literariamente, en sus libros hay dos aspectos fundamentales: su conciencia ética, que se expresaba a través de ese leninismo que antes he llamado conservador. Y, en segundo lugar, aparte del gran sentido social, lo que hay siempre son grandes figuras de mujer, mujeres que también participan de una consciencia de liberación colectiva, personajes realmente inolvidables como esa Blimunda, protagonista de «Memorial del convento», uno de los grandes personajes femeninos de la literatura del siglo XX.
Basilio Losada es Traductor
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José de Sousa Saramago (Azinhaga, Santarém, Portugal, 1922 - Tías, Las Palmas, España, 2010) fue un escritor, novelista, poeta, periodista y dramaturgo portugués. Miembro del Partido Comunista Portugués desde 1969. En 1998 le fue concedido el Premio Nobel de Literatura.
Sus padres fueron una pareja campesina de escasos recursos económicos. Este origen marcaría profundamente el carácter y la tendencia político-teórica del escritor. El apodo de la familia paterna era Saramago ("Jaramago" en español, nombre de una planta herbácea silvestre de la familia de las crucíferas). El niño debería haberse llamado José Sousa, pero el funcionario del registro civil cometió un "lapsus calami" (error de pluma) y lo anotó como José «Saramago», aunque hay quienes dicen que fue una broma del funcionario, conocido de su padre. El registro oficial menciona el día 18 de noviembre, aunque fue el 16.
En 1934, a la edad de 12 años entró en una escuela industrial. En aquellos años incluso los estudios técnicos contenían asignaturas humanísticas. En los libros de texto gratuitos de aquellos años Saramago se encontró con los clásicos. Incluso en sus últimos años aún podía recitar de memoria algunos de esos textos. Aunque Saramago era buen alumno, no pudo finalizar sus estudios porque sus padres ya no pudieron pagarle la escuela, por lo que para mantener a su familia Saramago trabajó durante dos años en una herrería mecánica. Mientras tanto, sin guía alguna, se leyó toda la biblioteca pública de su barrio. Entre los pocos ejemplares de su propiedad, figuraban textos de escritores argentinos.
Pronto cambia de trabajo y comienza a trabajar de administrativo en la Seguridad Social. En 1944 comienza a escribir la que acabará siendo su primera novela: Terra de pecado, que se publicó en 1947 pero no tuvo éxito. Saramago escribió una segunda novela, Claraboya, pero directamente nunca fue publicada. Por espacio de veinte años no se volvió a dedicar a la literatura. «Sencillamente no tenía algo que decir y cuando no se tiene algo que decir lo mejor es callar». Entra a trabajar en una compañía de seguros. Simultáneamente colabora como periodista en Diário de Notícias, un periódico de alcance nacional, pero por razones políticas pronto es expulsado. Luego, colaboró como crítico literario de la revista Seara Nova y fue comentarista cultural. Formó parte de la primera dirección de la Asociación Portuguesa de Escritores.
En 1966 publicó Os poemas possíveis. En 1969 se hizo miembro del Partido Comunista Portugués (cuando éste todavía era clandestino). Ese mismo año abandona su trabajo en la editorial para dedicarse plenamente a vivir de la escritura, bien como articulista, bien como novelista. En 1970 publica Probablemente alegría Entre 1972 y 1973 fue redactor del "Diário de Lisboa". Si bien durante sus primeros 52 años de vida no tuvo demasiado que reprochar a la dictadura, en 1974, se sumó como comunista al golpe militar denominado "Revolución de los Claveles", que fue derrocada por otro golpe militar en 1975 -año en que publica O Ano de 1993- y que dió paso a la Constitución democrática de 1976. Desde entonces se dedicó exclusivamente a su trabajo literario.
Su primera gran novela fue Levantado do chão (1980), un retrato fresco y vívido de las condiciones de vida de los trabajadores de Lavre, en la provincia de Alentejo. Con este libro Saramago consigue encontrar su voz propia, ese estilo inconfundible, límpido y casi poético que le distingue. En los siguientes años, Saramago publica casi sin descanso: Memorial do convento (1982), donde cuenta las más duras condiciones de vida del pueblo llano en el oscuro mundo medieval, en épocas de guerra, hambre y supersticiones.
Este libro fue adaptado como ópera por Azio Corghi, y estrenado en el Teatro de la Scala de Milán, con el título de Blimunda (el inolvidable personaje femenino de la novela). También Corghi adaptó su obra teatral In nómine Dei, que con el nombre de Divara fue estrenada en Munster. De Azio Corghi es también la música de la cantata La muerte de Lázaro, sobre textos de Memorial del convento, El Evangelio según Jesucristo e In nómine Dei. Fue interpretada por vez primera en la iglesia de San Marco, de Milán. En 1984 Saramago publica O ano da morte de Ricardo Reis y en 1986 A jangada de pedra, donde cuenta qué sucedería si la península ibérica se desprendiera del continente europeo.
La novela El Evangelio según Jesucristo (1991) lo catapulta a la fama a causa de una polémica sin precedentes en el Portugal democrático laico, cuando el gobierno veta su presentación al Premio Literario Europeo de ese año, alegando que "ofende a los católicos". Como acto de protesta, Saramago abandona Portugal y se instala en la isla de Lanzarote (Canarias). En 1995 publica una de sus novelas más conocidas, Ensayo sobre la ceguera novela que fue llevada al cine en el 2008 bajo la dirección de Fernando Meirelles. En 1997 publica su novela Todos los nombres, que gozó también de gran reconocimiento. En 1998 gana el premio Nobel de literatura por Ensayo sobre la ceguera, convirtiéndose en el primer escritor (y hasta ahora el único) de lengua portuguesa en ganar este premio.
Desde entonces compartió su residencia entre Lisboa y la isla canaria, participando en la vida social y cultural de ambos países cuyas estrechas relaciones justificó en una entrevista para proponer su idea utópica de creación de una Iberia unida. Ateo declarado, colaboró ocasionalmente en prensa, aportando su punto de vista, siempre agudo y comprometido. En definición suya, "Dios es el silencio del universo, y el ser humano, el grito que da sentido a ese silencio". Una de sus últimas obras fue "Las intermitencias de la muerte" [2005], que cuenta de un país cuyo nombre no será mencionado y se produce algo nunca visto desde el principio del mundo: la muerte decide suspender su trabajo letal, la gente deja de morir. De ahí en adelante, se relataran situaciones inimaginables o no, ya que nadie muere pero siguen envejeciendo.
Fuente: wikipedia y elaboración propia [EQM].
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Doctor Llilett dijo
Se metió con la iglesia sin elegancia. No tenía necesidad de hacerlo así.
19 Junio 2010 | 01:42 PM