Carlos Mendo [1933-2010]
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Carlos Mendo, un gran periodista con fundamentos -como diría Karlos Arguiñano- documentado, inteligente, respetuoso, analista, reflexivo y, sobre todo, tolerante con el resto de compañeros con los que compartía las tertulias de Hora 25 en la cadena SER, como Miguel Ángel Aguilar, Suso de Toro o Josep Ramoneda.
Contaban con él seguramente porque era un histórico de la casa y, fundamentalmente, daba una nota de color conservador.
Daba gusto oirle.
La agencia EFE le debe la vida.
Mis condolencias a familiares, amigos y radioescuchas, como se decía antes.
Carlos Mendo Baos
Este madrileño, graduado en Periodismo en 1958 tras haber iniciado y abandonado la carrera de Derecho, inició su andadura profesional en la Agencia EFE, para pasar poco después a la agencia United Press International (UPI), llegando a ser director de la misma en España. En 1965 regresó a EFE donde fue director gerente hasta 1969, coincidiendo con el primer periodo de expansión de la misma. Tras pasar por el diario ABC en 1970, pronto ingresó en empresas de medios de comunicación vinculadas al Grupo PRISA. Fue uno de los fundadores del diario El País, para el que fue propuesto como director, si bien pasó a encargarse del servicio de información de la embajada de España en el Reino Unido y no fue finalmente propuesto para dirigir el nuevo periódico. Más tarde fue jefe de relaciones exteriores del Banco Urquijo, aunque regresó a dirigir la agencia EFE de nuevo, pero fue sustituido en unos meses por Luis María Anson.
De 1979 a 1987 fue corresponsal de El País en Londres, de donde regresó para hacerse cargo del Servicio Exterior del diario. Con la apertura de la delegación del periódico en Estados Unidos, fue enviado como primer corresponsal en 1989, hasta 1991, cuando fue nombrado director gerente de la edición internacional del periódico.
Miembro del Partido Popular (PP), se distanció de su actividad profesional en 1994 para presentarse como candidato de esta formación a las elecciones al Parlamento Europeo, pero no fue elegido. Después fue vocal-consejero en Radiotelevisión Española por el PP hasta 1997, cuando dimitió por discrepancias con el partido sobre la relaciones que el gobierno de José María Aznar mantenía con el Grupo PRISA. Regresó a su trabajo periodístico como articulista de El País, contertulio en Hora 25 de la cadena SER, Antena 3 y en Las Mañanas de Cuatro.
Carlos Mendo, sinónimo de periodismo
Para todos nosotros en el oficio Carlos Mendo, su nombre, era sinónimo de periodismo; del periodismo de siempre, ese periodismo esforzado y al mismo tiempo placentero, en el que se volcaba sin esfuerzo aparente alguno, como si su ejercicio fuera su piel, su manera de respirar. Había en él el cierto placer del oficio, de ejercerlo, de haberlo ejercido, de contarlo.
Supe de su muerte mientras viajaba por una carretera de Tenerife, rumbo a mi casa, y lo supe por una llamada de la agencia Efe. A él le hubiera gustado eso: que en el tiempo de tanta instantaneidad, cuando abres la máquina (el teléfono, en este caso) y sabes de inmediato todo lo que sucede, que haya sido un agenciero, como decía él, quien me diera la noticia tremenda de su desaparición lamentable. Una noticia, una mala noticia. Las agencias fueron para él el núcleo del periodismo, de lo que se hacía en las agencias partía todo lo que se hacía en los periódicos, pues las agencias no cesaban nunca su trabajo de servicio, su manera indicativa de estar ahí, alertando.
Corrí hasta mi casa, para escribir de Mendo, y al llegar, dispuesto a escribir (lo que se publica hoy en su periódico, y el mío) se me cayó en el agua uno de los móviles que utilizo; luego se quemó, literalmente, así que ya me quedé tan solo con el ordenador, que además dejó de estar conectado a Internet cuando le dio la gana, y hube de caminar por el pueblo en busca de un Internet público desde el que me dejaran comunicar mi apreciación de este periodista extraordinario.
Fueron todos ellos incidentes que ahora, pasadas estas horas, me parecen simbólicos de la desnudez del oficio: lo que importan no son tantos los materiales sino los hechos, la experiencia para contarlos, la memoria que se tiene de las claves de lo que ocurre. Y eso lo manejaba Mendo con una maestría total, su entusiasmo por el periodismo, su manera de estar en el oficio, lo convertían en un caballero de la profesión. Él podía tener la idea que fuera (idea muy ideológica, por cierto, a veces extremadamente conservadora) pero jamás se olvidaba de los materiales primordiales del oficio, que ejercía como los cirujanos cumplen con su trabajo: sin fijarse en sus propias ideas sino en las necesidades de cumplir con las exigencias de la profesión.
Era una metáfora, un sinónimo del periodismo, un hombre culto, apasionado por la historia, apasionado por la vida; su risa era la risa de todos allí donde estuviera, y su manera de vivir el periodismo fue siempre para mi envidiable. Hasta el final fue un periodista, y eso a los que tenemos esta vocación como un veneno dulce es un objetivo, una manera de estar.
'Carlos Mendo en la onda'
Miguel Ángel Aguilar en El País, 230810.
La noticia de que Carlos Mendo nos ha dejado llega fuera de programa, de modo inesperado, sin datos de lugar y tiempo, sin referencias ni diagnósticos de la enfermedad que se lo ha llevado. Carlos Mendo estaba habitado por muchas y aceradas convicciones sostenidas con mucha nobleza. Venía de muchas batallas periodísticas. Se curtió en la agencia norteamericana UPI y aquella valiosa experiencia de agenciero la puso después al servicio de la agencia Efe, de la que fue director general, y para la que ideó una expansión iberoamericana que la cambiaría para siempre. Ese ambicioso proyecto lo hizo posible una singular conexión con el ministro Manuel Fraga Iribarne, que mantuvo frente a muy cambiantes avatares. Se le pudo ver en el baño de Palomares con el entonces ministro de Información y Turismo y con el embajador americano para tranquilizar al público almeriense temeroso de la contaminación, después de que cayera aquella bomba nuclear, que localizó nuestro Paco en desigual competencia con todo el despliegue de la Navy.
Carlos fue Consejero de Prensa de la Embajada en Londres cuando Manuel Fraga fue acreditado ante la corte de San Jaime y de regreso a Madrid fue jefe de prensa de Alianza Popular (AP). Recuerda un buen amigo periodista con cuánto detalle Mendo había preparado la conferencia de prensa en el hotel Mindanao para la presentación de AP. Estaban los siete magníficos, en el centro del estrado Fraga, a quien acompañaban Laureano López Rodó, Antonio María de Oriol, Gonzalo Fernández de la Mora, Licinio de la Fuente, Cruz Martínez Esteruelas, Enrique Thomas de Carranza. Del fondo vino la pregunta interesándose por si Fraga era en ese momento tan amigo de López Rodó como cuando el estallido del caso Matesa. La respuesta empezó según el uso del ex ministro "mi querido amigo aténgase al proverbio inglés politics makes strange bed fellows". Entonces el tecnócrata se puso blanco como la cera y la sala estalló en carcajadas. Mendo comentaba que le habían pulverizado más de un mes de trabajo. Carlos fue director del diario EL PAÍS antes de que el diario saliera a la calle, durante algunos meses, cuando no llegaba el permiso para editarlo, pero con anticipación suficiente dejó el puesto que ocuparía Juan Luis Cebrián.
También había sido subdirector del diario Abc. Fue corresponsal en Washington y vivió como enviado especial momentos muy delicados o de graves conflictos en muchos países. Tenía un dominio sorprendente del inglés hablado y una pasión permanente por angloamérica. Se mantenía informado como lector infatigable de la prensa y oyente de las emisoras propias y extranjeras, así como de los canales de televisión. Su corazón latía a la derecha. Fue nombrado consejero de RTVE a propuesta del PP en 1996 y dimitió del cargo un año después por lo que consideró intervencionismo del Gobierno en los medios. En la tertulia del programa Hora 25 de la cadena SER se comportaba en dialéctico incansable, que nunca se daba por vencido. Siempre estaba pidiendo la palabra, incluso cuando estaba en el uso de la misma. Tenía una habilidad endemoniada para derivar en enredador e intentar adentrarse en la senda que por la precisión lleva a la confusión. Apabullaba con datos que en lugar de al esclarecimiento llevaban al despiste. Era su entrañable manera de desviar la atención cuando el asunto del que se trataba en la tertulia le resultaba en especial molesto. Tenía su propio índice temático muy coloreado por las cuestiones internacionales. En caso de coincidir con él era conveniente llevar bien leído y anotado por lo menos el International Herald Tribune. En cada glóbulo rojo, su apasionada versión del escudo nacional.
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Rosa dijo
Hasta en sus obituarios, tanto Juan cruz como MA Aguilar no pueden evitar la descalificación política del compañero fallecido.
Unos sectarios.
28 Agosto 2010 | 03:20 PM