La Coctelera

El quicio de la mancebía (EQM)

Reflexiones en torno a las chirriantes bisagras que no nos dejan dormir. Al fondo, las bellas artes.

4 Septiembre 2010

Una historia de Alvite

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¡Ojo con 'este tipo de provincias', es adictivo!

En homenaje a José Luis Alvite, un magnífico escritor capaz de sostener, él sólo, un periódico con sus diarias perlas, cultivadas en el inmenso mar negro de su hipnotizante genialidad.

Les adjunto, infra, la del pasado lunes, pero podría haber sido la de cualquier otro día.

Si, como espero, les encanta, compren sus libros y síganle allí donde publique o en el trabajado foro mimado por Anacrusa, archivo recopilador de todos sus artículos, prácticamente desde que él apareció en la escena de la literatura de postín.

EQM

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Fot. de J. Luis Alvite [España, ?]. Original en color.


'Una historia de Alvite' [2000], interpretada por Ismael Serrano [España, 1974], también compositor de la canción. De su disco 'Los paraísos desiertos' [2000]. Letra [ver notas] de Rodolfo Serrano, inspirada en el libro de J.L. Alvite 'Historias de Savoy' [2004]. Carta de agradecimiento del escritor al compositor. Vía del mp3: goear-patapalo.

Compota de niebla

J.L. Alvite en La Razón, 020910.

Marché de vacaciones hundido hasta las orejas en el desánimo y la verdad es que regreso abatido. En un cruce de carreteras antes de enfilar el puente que lleva a la Isla de Arousa arrimé el coche al arcén y vi en el suelo cientos de hojas caídas de los árboles. Soplaba fuerte el viento y las nubes estaban tan bajas que borraban la maleza, los pies y los perros. Ya hace años que no me meto en el mar, pero si aquella tarde lo hiciese, con seguridad sólo habría tenido el falso entusiasmo que un náufrago necesita para buscar la orilla nadando de brazos cruzados.

Me pregunté entonces por qué diablos en mitad de agosto era otoño en aquel cruce de carreteras. Al otro lado del puente había gente al sol en los arenales de la isla y las olas morían mansas como hule, masticando invertebradas entre las dornas y lamiendo la piel de los chiquillos. Una noche me senté en la terraza de «Laya», en la bellísima plaza cambadesa de Fefiñáns, pedí un café con hielo y el camarero, que ya es amigo mío, me dijo que no me apurase, que había tiempo, que no le importaría esperar a que fumase ese último cigarrillo, que él sabe que en un tipo como yo siempre deja en el cenicero seis colillas.

Las otras trece mesas estaban vacías y hasta la plaza llegaba sin embargo el ruido plural de la gente que cenaba a deshora en una luminosa calle adyacente. El camarero me contó que los veranos ya no eran como antes y que por falta de dinero para pagarse un segundo plato la gente masticaba más tiempo la comida.

Recordé entonces el caso de un criminal compostelano desdentado por la mala vida que fingió enamorarse de una mujer mayor sólo para asegurarse de que ella le prestase de vez en cuando su dentadura postiza. Mientras convivió con ella, mi amigo delincuente sonrió los lunes, miércoles y viernes. El resto de los días estaba triste y delinquía. Supuse que lo suyo no era odio a  la sociedad, sino la consecuencia de estar harto de masticar con las encías los fideos de la sopa. Al camarero de «Laya» no le dije nada.

Pagué mi café, dejé en el cenicero las seis colillas de aquel último cigarrillo, volví al coche y arranqué. En la luminosa calle adyacente había mucha gente cenando arremangada en las terrazas. En la iglesia de San Bieito la campanada de la una de la madrugada sonó como si Dios hubiese metido un pie en un charco de urea. A rebufo de mi coche se cerró de nubes la noche y visto en el retrovisor del coche el puente hacia la isla parecía un peine de tiza caído en una canosa compota de niebla.

A la mañana siguiente el viento había devuelto las hojas a los árboles y los niños corrían por la playa pisando sobre la canela del arenal la lepra fosca de la luz del sol. (A Teresa Rey Romay)


Alvite, un alma del nueve largo

Carlos Herrera en Arenas movedizas, XLsemanal nº 1003, 14/20 enero 2007.

[Nota de EQM.- con motivo de la publicación en 2007 del libro de Alvite 'Almas del nueve largo. Historias del Savoy', continuación del editado en 2004, y que recoge artículos aparecidos en La Razón]

A José Luis Alvite no le pasa lo que a algunos de los personajes que pone en danza en el mítico Savoy de sus crónicas, que hasta la saliva de su boca la tienen postiza (el Savoy es un club en el que siempre se consideró una buena racha que entrasen dos personas y no saliesen más de tres). Alvite es una verdad extraña, un misterio andante pero cierto, una cabeza en permanente estado de tiovivo, un florilegio de metáforas en estado de alerta continua. Alvite es el mejor contador de historias imposibles, el mejor retratista de ambientes de humo y humedad, el mejor pintor de decadencias bajo el umbral de la realidad. No sé, Alvite es la hostia, si me permiten la licencia. Acaba de publicar un libro trascendental, titulado Almas del nueve largo (Ed. Ézaro), en el que desfilan en consabido y bellísimo desorden todos los habitantes del club más decente de todos en los que se alberga por igual el crimen y la danza. Ya está contado hasta la saciedad: lo descubrí tarde, cuando escribía la contra de Diario 16, allá por los noventa, y convertía una hoja de papel en la columna más monumental de la prensa española. Lo convencí para que lo verbalizara en la radio y en ésas estamos: graba cuando quiere y se pasa por la emisora cuando se acuerda -Alvite es así y no hay que gastar energías inútiles en pretender cambiarlo-, pero cuando lo hace deja un rastro de brillantez y un reguero de talento absolutamente desconcertantes. Siempre ha dicho que él mantiene a dos ex mujeres y a un barman -quizá de esos que te aconsejan que te tomes una copa para afrontar la situación y otra para olvidarla- y en esa afirmación va encerrado el retrato más fiel del personaje, un tipo capaz de escribir que el del matrimonio es uno de esos sueños de los que conviene despertar antes de que se te cumplan y que el amor consiste en dar con una boca en la que bostezar a gusto.

El propietario del Savoy es Ernie Loquasto, un viejo gánster amigo de Pavesse o Fiore, tipos tan desconfiados que incluso cacheaban a su madre antes de abrazarla. De cualquiera de los tres podría decirse, sin lugar a dudas, como asegura Alvite, que no han cruzado los brazos en los últimos veinte años, siempre alertas ante cualquier tiroteo. Lorraine Webster es la gran antigua artista del club, el gran amor de Al, una de esas mujeres que parecen haberse aseado el rostro con el agua de enjuagar el pubis, una mujer que, como Kate Sinclair, es de esas que después de una noche de lujuria se ponen las gafas de leer para buscar las bragas. Sublime descripción de Alvite. Por el relato pululan delincuentes de poca monta que, como el boxeador Sony Sullivan, se trasladaban reuniendo en un atraco apenas el dinero suficiente para trasladarse en autobús hasta el siguiente atraco; mafiosos de poca monta que parecen vestidos a bocajarro y que si cenasen langosta vomitarían repollo; coristas de películas de dudosa clasificación en la que la única prueba artística que les hicieron fue probarles una barra de labios y un bidé; cronistas del Clarion, como Chester Newman, natural de un pueblo en el que hasta el viento respetaba los semáforos, que escribió un día que lo malo de acariciar a una mujer es que corres el riesgo de que te mejore el carácter y se te joda la letra; hijos del infortunio, como Eddy Novaro, aquel que vivió durante años con arreglo a una frase que lo mantuvo todo el rato en vilo: «La vida de un tipo como yo consiste en huir a tiempo de los cuatro fulanos que te persiguen cuidando de no llegar al sitio donde te espera el resto»...

En fin, hay cientos de razones para leer este libro de perlas seleccionadas de Alvite. Tantas como metáforas. Tantas como retratos de perdedores. Tantas como apreciaciones de este jaez: «María Teresa Fernández de la Vega tiene una vacilante feminidad de mujer en cuya deshidratación van apareciendo, como marroquinería, los rasgos de Clint Eastwood». Inconmensurable. 

NOTAS.-

Letra de 'Una historia de Alvite':

Cuando su padre acuchilló a su madre/estaba tan perdido y tan borracho/que intentó enterrarla en la cocina/y, muchacho, vivían en un cuarto // En el Savoy me lo contó el Alvite/eran tiempos en los que Ernie Loquasto/reinaba como un dandy analfabeto/sobre las putas, el juego y el caballo //  Ella tenía, ya sabes, lo que tienen/esas mujeres que en lugar de labios/te ofrecen la succión de una bañera/y convierten las camas en un charco // Hay gente que nace en sábanas de seda/y otros, qué quieres, nacen para ser trapos // Andaba diferente a todas ellas/y nunca se sabía si sus pasos/eran recuerdos de antiguas palizas/o el culo se lo movía el diablo // Ella, muchacho, me confesó una noche/que su única ambición, a qué negarlo/era que cuando le llegara ese momento/el ataúd, joder, fuera forrado // De los hombres nunca decía nada/los hombres nunca nada le habían dado/si quitas mil palizas y algun beso/con sabor a empastes y a tabaco // Hay gente que nace en sábanas de seda/y otros, qué quieres, nacen para ser trapos // Yo ya la conocí cuando no era ni sombra de ella misma, y sus abrazos/olían a cuartucho de pensiones/y la muerte le buscaba los atajos // El Alvite me dijo que una noche/en un callejon tan solitario/que ni ratas había, te lo juro/encontraron su cuerpo destrozado // Tenía, dicen, las mismas cuchilladas/que su padre a su madre le había dado // Hay gente que nace en sábanas de seda/y otros, qué quieres, nacen para ser trapos // Ni siquiera logró, maldita sea/ese ataúd forradito de raso/Su cuerpo se quedó en el Anatómico/para estudio de la ciencia, muchacho // Hay gente que nace en sábanas de seda/y otros, qué quieres, nacen para ser trapos.

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Enlaces [en azul], corchetes, negritas [con perdón] e imágenes son aportados por EQM. También, por razones discutibles de legibilidad en internet, el incremento de párrafos en textos ajenos, respetando el contenido, que puede leerse en el original pinchando el enlace.

servido por elquiciodelamancebia 4 comentarios compártelo

4 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Thor

Thor dijo

Sencillamente, increíble.

4 Septiembre 2010 | 10:17 AM

Carla

Carla dijo

Es un fuera de serie. Leo todo lo que escribe.

4 Septiembre 2010 | 10:36 AM

fale

fale dijo

el ismael serano en un serrat del jazz. tiene muchos seguidores...

4 Septiembre 2010 | 12:22 PM

Doctor Llilett

Doctor Llilett dijo

Una cabeza privilegiada.

4 Septiembre 2010 | 01:06 PM

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Apoyado en el quicio, perplejo y preocupado ante una sociedad blanda que pasa de historias, tratando de averiguar por qué chirría con su amado óxido. Para mis adentros. Será la edad (España).



La partida continúa hasta la derrota del terrorismo. Fot. Mitxi.

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