Corazón sangrante
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[Colaboración especial de El Xiquet de Columbretes].
Relato breve.
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Nos veíamos muy a menudo en el bar, desayunando, y siempre hubo corrección en el trato y nada más; recelaba de él por su rudo aspecto de trampero. Sin embargo, ese día coincidió al mismo tiempo el Sol y la Luna y quizás eso hizo cambiar mi expresión. Cuando le reconocí entre la gente, en la otra punta de la barra, lo miré confiada, con descaro, de forma diferente a lo que era habitual en mí; y él, lo percibió así.
A lo largo de nuestro trato amistoso me había sonreído muchas veces, pero cuando lo hizo en respuesta a mi particular mirada, me cautivó el ánimo de tal manera que decidí acercarme de inmediato. Su sonrisa era la misma que se suele poner cuando sacan el primer plato en un restaurante atiborrado de comensales, hartos de esperar. Enseguida entendí que aquella mueca era una puerta abierta al infinito y, entontecida, se volcó en mi boca.
Fue un beso interminable que exageró mis labios, alterando a la gente. No me preguntéis que es lo que sobrevino después, únicamente puedo deciros que en su casa me sentí en plena ebullición y, al poco, transformada en puro vapor. Ya no pesaba y, sin embargo, mis pies descansaban sobre las sabanas. Y, mientras permanecía allí, el cráneo se me ahuecó creando sacos aéreos y ascendió mi cabeza, volátil, vertiginosamente hacia el cielo; como lo haría un pájaro.
Con la melena, ya de plumas, empecé a notar el roce de las nubes de luz que barrían los vientos, intentando, inútilmente, refrigerar el sol. Mi razón exhibía alas de gran ave y planeaba sobrada, como lo hacen ellas. Allí arriba, el aire no estaba contaminado por microorganismos patógenos; su inmensidad repleta de mil esencias me perfumaba el alma y hacía que respirar fuese un permanente gozo.
Por un momento, el placer se adueñó de mí y comencé a crear movimientos espirales en el espacio, tirabuzones sin sentido, de continuo. Y cuando mi cerebro llegó a lo más elevado y la satisfacción cruzaba la barrera del sonido sublime, una y otra vez, sentí un brutal fogonazo que alteró mi vuelo.
Fue un disparo certero, un cartucho de perdigones que rompió todo el encanto, matando el gozo y dejándome como una paloma de corazón sangrante. Enseguida me vi en el fondo de un morral, junto a otras aves abatidas. ¡Había compartido mis sentimientos con un cazador profesional que alardeaba de trofeos!
Y es que nunca había olisqueado la pólvora ni sabido de cotos.
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El Xiquet de Columbretes [2010]. Todos los derechos reservados.
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'Naturaleza sangre' [Nueva versión 2005; la original es de 2003] . Compuesta e interpretada por Fito Páez [Argentina, 1963]. De su álbum 'Moda y pueblo' [2005]. ♪♪ ♫ puchuflete. Letra. Imagen y mp3 vía Blog de Budka.
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NOTA.- Enlaces, corchetes, negritas [con perdón] e imágenes son aportados por EQM.



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Rosa dijo
Se sube, se sube.... para bajar por siempre jamás. Muy bello y sangriento. De esa sangre que nos da la vida.
14 Noviembre 2010 | 12:17 AM