Torrente de alfabetizados analfabetos
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'Incomunicado' [1996]. Interpretada y compuesta por el grupo La polla records [España, 1979-2003], en su álbum 'Carne pa la picadora' [1996]. ♪♪ ♫ PuNKTHeDooRToOPeN. Letra.
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¡No se hagan pajas mentales! ¡molan las pajillas!
Si les gusta el buen cine, no se les ocurra acercarse a ver 'Torrente 4: Lethal Crisis' [2011]. Caso de estar interesados en saber por dónde andan los gustos de millones de españoles, métanse de lleno en la sala y contemplen las reacciones de los espectadores. Cada pedo es una carcajada, oiga.
Así de fácil. Santiago Segura no tiene un pelo; tampoco de tonto. Es un hombre inteligente, habilidoso, con reflejos y buen intérprete de Torrente, ese personaje de expolicía zafio, amoral, degenerado, proxeneta, corrupto, asqueroso, cutre, fascista, hooligan, putero, alcohólico, machista, misógino, racista, drogadicto y fan de El Fary.
Sus guiones se basan, pues, en una sucesión de gags, con más o menos fortuna, interpretados, con honrosas excepciones, por una sarta de donnadies que están haciendo su agosto en la telebasura, aderezados por algún que otro famoso 'auténtico' por su trabajo en el mundo del espectáculo.
En esta cuarta versión, cuenta con frikis de la talla de Belén Esteban, Kiko Rivera, Álex Lecquio, Cañita Brava, Octavio Aceves, Carmen Martínez Bordiu, Kiko Matamoros, María Patiño, Carmen de Mairena, Mari Cielo Pajares y de personajes en su profesión como Cesc Fàbregas, Francisco, David Bisbal, José María Rubio, Andreu Buenafuente, David Fernández, Sergio Agüero, Risto Mejide, El Gran Wyoming, Sergio Ramos, Álvaro Arbeloa, Gonzalo Higuaín o Joselito.
Es decir, Segura se alimenta y alimenta a sus seguidores de aquello le demandan, cayendo, por tanto, en la caricatura, el comic, la astracanada, la guarrada, etc. pero sin el componente de desperdicios del que se encarga la tele.
La importancia de su cine se basa, pues, en el perfil de sus incondicionales -que constituyen media España o más- y en esa línea picaresca oriunda, mezcla de estos componentes, entre otros: relatos de ciego; chistes de pedos y tullidos; gore tipo El Caso; frikismo; machismo, cutrerío, fascismo, y guarrería.
Con una gran particularidad que hay que aplaudir: consigue retratar ese repugnnante antimodelo y que escuchemos desde la calle como el españolito se caga de la risa, sin que a nadie se atreva a acusarle de haberle colocado el espejo en su cara. La gran aportación de Segura es la bestial carga crítica social, fundada y bochornosa, que contiene esta serie.
Sin olvidar su voluntad de continuidad mirándose en el gran cine de humor español de la posguerra. Recuerden, a Tony Leblanc y Antonio Ozores en 'Los tramposos' [1959]. Por eso lucha denodadamente hasta conseguir -haciendo el ya anciano actor un sobrehumano esfuerzo- que Tony aparezca como interprete siempre que pueda.
Mirando siempre de reojo, por tanto, a Pedro Lazaga [España, 1918-1079], Luis García Berlanga [España, 1921-2010] y a Carles Mira [España, 1947-1993]. Y, cómo no, a su Alex de la Iglesia. Sin gran éxito en tal sentido, hay que decirlo.
Porque el resultado final se encuentra a años luz de lo conseguido cinematográficamente por los tres primeros directores. Unos dirán que porque Segura no da para más ni lo pretende.
Yo estoy convencido de que da para mucho más y que lo que pretende es, precisamente, lo que da. Porque esta sociedad llega hasta donde llega, le encanta el bufoneo e idolatran a la 'Princesa del pueblo' o al 'Paquirrín', que hace un papel importante en esta última entrega: el de acémila.
Así que no se asombren, las risotadas cinematográficas de nuestro pueblo están dando que pensar a más de uno. De aquí y de allá. Si el poder hubiera decidido ineducar al ciudadano -a pesar de la 'universalización' de la educación y de las decenas de televisiones públicas que nos llevan a la ruina-, no lo podría haber hecho mejor.
Ya no existen analfabetos, aunque no sepan leer ni escribir.
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‘Torrente' y la picaresca del siglo XXI
El triunfo de Segura reside en que su fuente de inspiración es Zapatero y su Gobierno.
Manuel Herrera en La Gaceta, 260311.
Españolito que vienes al mundo te guarde Dios, Santiago Segura y su Torrente han triunfado. Aún más, algunos de sus chistes, gracias o tópicos ya forman parte de nuestro devenir cotidiano. Ha barrido en taquilla y en audiencia. Gracias a El brazo tonto de la ley, este año el saldo de espectadores que verán cine español será positivo.
Como todas las entregas anteriores, la criatura de Santiago Segura es una sucesión sin argumento de vulgaridades, ocurrencias e historietas que pretenden arrancarnos una carcajada. Creo, y no estimo que sea una comparación sin sentido, que guarda cierto parecido con buena parte de las actuaciones del Gobierno Zapatero. Todas ellas producen las risotadas de conocidos y extraños.
Ahí está ese plan energético basado en bombillas y reducción de velocidades, o esas nuevas normativas universitarias en las que para hacer carrera académica vale más haber sido enlace sindical que coordinador de un proyecto de investigación internacional, o esas declaraciones que nos presentan al Gobierno de Marruecos como un país que está haciendo sus deberes democráticos. Primera hipótesis: el triunfo de Santiago Segura reside en que ha tenido como fuente de inspiración a Zapatero y su Gobierno.
¿Es válida esta conjetura? Rotundamente no. Santiago Segura ya triunfaba antes de que Zapatero hiciera del ciclo continuo de lo absurdo la piedra angular de sus actuaciones. Posiblemente sea más correcto plantear lo contrario: Zapatero se ha inspirado en Santiago Segura a la hora de ejercer sus labores de gobierno. Necesitado del éxito electoral, nada mejor que los ingredientes torrrentinos que, como se ha podido comprobar, aseguran de por sí el éxito taquillero.
"La caca, el pedo y el pis", aunque también podría decirse "el pis, el pedo y la caca" -el orden de los elementos no altera el producto-, aderezados con un poco de chabacano verdor, son la base de todas las trivialidades y patochadas que se hilan en este buque insignia del cine español. Nada de sofisticaciones: lo fisiológico en bruto. Nada de ironía fina: lo cutre como punto de referencia. Nada de decoro: lo sucio por montera.
Hay quien piensa que las sociedades posmodernas son así: nuevas tribus que deambulan por un paisaje y unos escenarios en los que lo auténtico es el resurgir del animal que llevamos dentro. Abajo la excelencia, que es una invención burguesa. No al valor del esfuerzo, que es manifestación expresa de una sociedad competitiva insolidaria. Rechazo al pudor, que es antinatural.
Segunda tesis: el triunfo de Santiago Segura reside en que es una visión descarnada de la realidad posmoderna española. ¿Es válida esta conjetura? Digamos que a medias, y por ello da que pensar. Ciertamente, lo chabacano, lo mediocre y lo casposo se ha afincado en la piel de toro peninsular. Y más allá de la crisis económica, esa que nunca existió o que simplemente era una desaceleración, estamos ante manifestaciones claras y evidentes de una crisis cultural.
Sí, una crisis de aquella totalidad que comprende el conocimiento, las creencias, el arte, el derecho, la costumbre y casi cualquier otra competencia o hábito adquirido por el hombre en cuanto miembro de la sociedad. Los motivos no son otros que el olvido y ocultamiento de su finalidad: dar respuestas sobre la verdad y sobre el hombre.
Ayer tomando café con un amigo en un conocido lugar de este Madrid casi primaveral se me ofreció una tercera hipótesis: Segura y su Torrente son la muestra más clara y evidente de la picaresca española del siglo XXI. Los argumentos de mi amigo eran los siguientes: por una parte, Segura es continuador de la saga en la que se incardinan Miguel de Cervantes, Mateo Alemán, Luis Vélez de Guevara o Quevedo, por otra, su creación enlaza directamente con nuestro Lazarillo de Tormes, nuestro Rinconete y Cortadillo, nuestro Guzmán de Alfarache, nuestro Estebanillo González o nuestro Buscón. ¿Es válida esta tercera conjetura? Por lo pronto digamos que es atrevida.
Torrente es un pícaro que nos presenta una falsa autobiografía realista marcada por el determinismo social y una ideología pesimista con una clara intención sátira de la sociedad en todos sus niveles. Hasta aquí el parecido remoto con la picaresca española del Siglo de Oro. Ahora bien, ¿es Santiago Segura un nuevo Cervantes, un nuevo Mateo Alemán, un nuevo Quevedo o un nuevo Luis Vélez de Guevara? Yo creo que no, aunque quién sabe...
Por lo pronto, digamos que ha sido un pícaro como su Torrente. Nos ha sacado los cuartos a los españoles vendiéndonos una nueva entrega de vulgaridades marrones y verdes que, en un contexto de crisis económica, ponen de manifiesto una crisis cultural. Ya nos lo decía el sabio Kierkegaard: ¡que irónico es que precisamente por medio del lenguaje un hombre pueda degradarse por debajo de lo que no tiene lenguaje!
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NOTAS.-
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Nor dijo
Joder, quicio, qué disección!
28 Marzo 2011 | 12:10 AM