La Coctelera

El quicio de la mancebía (EQM)

Reflexiones en torno a las chirriantes bisagras que no nos dejan dormir. Al fondo, las bellas artes.

2 Mayo 2011

Karl Kraus [Austria, 1874-1936]

Adan Kovacsics habla sobre su libro: "La Antorcha". Selección de artículos de "Die Fackel"  [ed. Acantilado; colección El Acantilado; 2011)], gran antología de la obra de Karl Kraus [Austria, 1874-1936] en su revista Die Fackel [Viena, 1899-1936]. ♪♪ ♫ korrontoarenaurka. Fragmento del libro Crónica en El País. La fotografía es de Kraus, hacia 1908. Vía Wikipedia.

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K. Kraus, un adelantado

Imaginen:

"[...] 19 de noviembre de 1914, Karl Kraus entra en una sala atestada de gente silenciosa y expectante en Viena. Mira al público penetrándolo con su mirada afilada. Látigo de cualquier conformismo burgués, de cualquier moral bienpensante o de todo abuso de poder, grita contra la guerra:

"Quizás hasta la más pequeñas de las guerras fue siempre un negocio que dejó limpia la superficie y actuó en el interior. ¿En qué dirección actúa ésta tan grande, que lo es gracias a fuerzas contra las que habría que encabezar la más grande de todas las guerras? ¿Es la salvación o tan sólo el fin? ¿O apenas un paso más? [...]

¿Cómo pudo ser posible que un periódico de ámbito mundial festejara una guerra mundial? ¿Que un magnate de la Bolsa se plantara ante una batalla en la que estaban implicados millones y, con el bramido de sus titulares, reclamara y lograra la atención para el 50 aniversario de su impublicable negocio? ¿Que los bancos con los fondos congelados no pudieran atender a sus clientes, pero sí pagarle a él bastante más de cuatrocientas coronas por cada uno de los cien anuncios de su número conmemorativo?

¿Que entre el tronar de los cañones aún se escuchara el clamor de la adhesión de los repartidores y que la relación de quienes le felicitaban desfilara durante semanas como una lista de bajas de la cultura? ¿Cómo pudo ser posible que en días en que la frase empezaba ya a sangrar y rendía los vestigios de su vida en la muerte, pudiera servir aún para adornar ventanas en una casa de placeres liberales?

¿Que izaran banderas escritores que ya estaban en el frente y que un siervo del balance, un filibustero de la cultura, se hiciera homenajear por una banda de lacayos de alto rango como "General en jefe del espíritu"? ¡Ojalá la época llegue a hacerse tan grande como para no ser víctima de un vendedor que planta sus pies sobre el espíritu y sobre la economía!

¡Que venza la pesadilla del oportunismo en la que la victoria se convierte en mérito de los que no participaron; que se arranque de entre sus títulos de honor ese empeño invertido en bandas y cruces que le imponen precisamente la estupidez, las palabras extrañas y los nombres de recetas; y que entre esclavos cuyo único objetivo fue durante todos los días de su vida dominar el lenguaje, se abra paso mundo adelante con el talento de no dominarlo! ¿Qué sabéis vosotros, los que estáis en guerra, de la guerra?".

Vía J. Rodríguez en 'Karl Kraus, el irreprimible' [Los futuros del libro, 270509].

'¿Qué sabéis vosotros, los que estáis en guerra, de la guerra?'

Así, cantando las ocultas verdades, dando conocimiento público sobre las raíces de la siempre denostada y desequilibrante pluralidad, cuestionando el Sistema de la época, estuvo Kraus escribiendo en su satírica revista 'Die Fackel' [La Antorcha], desde que la fundó, en 1899 ,hasta 1936, inicio de la guerra civil española, año de su muerte. Constituyendo, también, un hito en el y del periodismo.

EQM.

 

Portada del nº 1 de la revista Die Fackel [Viena, 1899-1936].

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La luz temblorosa del periodismo

Arcadi Espada en El Mundo, 300411. Vía su blog.

Querido J:

Pocos libros he estado esperando con tanta impaciencia como la antología de Die Fackel (La Antorcha) que ha publicado la editorial Acantilado. El editor Vallcorba y yo somos vecinos y desde hace años cada vez que lo encontraba le preguntaba por el proyecto. «Va avanzando, va avanzando», me decía, y yo me imaginaba un elefante que iba atravesando un puente de madera colgante. Dada mi incapacidad genética para los idiomas, nunca había pasado de un conocimiento fragmentario, pero cada vez más ansioso, de Karl Kraus.

Lo primero que había leído, aún demasiado joven, era una antología de aforismos, preparada con amor y conocimiento por Jesús Aguirre. A pesar de mi juventud cómo iba a dejar de lado una colección capaz de incluir aforismos como este: «Con gentes que utilizan el término “efectivamente”, no me trato». O bien esta otra maravilla sintética sobre el estilo y el oficio de escritor, sobre la obligación del escritor con su lengua, que no recuerdo si está incluida en el volumen de Aguirre, pero que, en cualquier caso, me hizo llegar años después Ricardo Bada: «Mi idioma es la puta de todos que yo convierto en virgen».

Luego vagabundée por los Escritos, una breve edición de José Luis Arántegui, para Visor, tan incómoda como lo es a ratos la propia escritura de Kraus. Hasta que llegaron dos libros franceses. El primero, de Géraldine Muhlmann, Du journalisme en démocratie, es genéricamente muy recomendable. E incluye un capítulo de Kraus («el exasperado») donde leí:

«A pesar de su exasperación, de su percepción de entrar en terrenos imperfectos, “inauténticos”, él continúa siendo periodista, él se expone en público, él hace de la “publicidad” su único lugar. (…) Se siente, chez lui, que la pluralidad nunca está ganada, que es preciso luchar terriblemente y que incluso ella seguirá siendo siempre más un horizonte que una realidad. Kraus está siempre al borde de renunciar, sin renunciar».

No te será dificíl imaginar hasta qué punto me siento identificado con este límite y con esta vacilación.

Creo que el otro libro está entre lo mejor que se haya escrito en cualquier lengua sobre Kraus: Schmock, ou le triomphe du journalisme, de Jacques Bouveresse. Schmock es el personaje principal de la comedia Les journalistes, de Gustav Freytag, que representa al periodista que todo gran periodista lleva dentro: es decir, el que ha aprendido a sostener una opinión y la contraria. El libro de Bouveresse acierta a definir su objetivo y lo cumple con creces: Kraus es el primer crítico de los medios de comunicación modernos. Aún hoy. El libro se abre con el extraordinario Das Lied Von Der Presse, letra y música Karl Kraus (¡Aquí puedes oírla cantada por él!). Aquellos dos primeros versos tan exactos: «En el Principio era la prensa y luego apareció el mundo». Hasta llegar a la antología de El Acantilado hubo otros grandes momentos fackel.

Por ejemplo, cuando Hermann Tertsch y Sergio Campos me regalaron dos ejemplares de la revista, el primero de mayo de 1921 y el segundo de diciembre de 1924, que están entre los recuerdos ignífugos de la casa. O aquel párrafo de un libro desgraciadamente inédito de Gil Bera sobre Roth:

«En marzo de 1938, cuando Joseph Roth volvió a Viena por última vez para reponer la monarquía austrohúngara y encarrilar el mundo, su viejo tío, ya ochentón, fue el único pariente a quien visitó. Intercambiaron la famosa consigna con que Karl Kraus saludó a Brecht cuando buscó refugio en Viena: “Las ratas entran en el barco que se hunde”».

No te niego tampoco que intenté varias veces la lectura imposible de Los últimos días de la Humanidad, que también tradujo Adan Kovacsics, para Tusquets. Y, en fin, luego hubo el descubrimiento de la web de donde cuelga completa la revista, que tiene una de las homes más seductoras que haya visto nunca.

Estos precedentes fragmentarios eran la raíz de mi impaciencia. Satisfecha a medias, inevitablemente. Pero hay que empezar por lo esencial y agradecerle al editor y al antólogo y traductor Kovacsics que hayan puesto a Kraus en la lengua española, en una medida inédita. El esfuerzo era ímprobo. No me extraña que le hayan dado a Kovacsics el Premio Nacional de Traducción austríaco. Sospecho que el alemán de Kraus es una fortaleza. Ciertamente yo he encontrado en el libro más de una frase sin sentido: pero quizá también se haya de traducir eso. La antología está llena de piezas maestras. «Sobre el proceso contra Klein», «Heine y las consecuencias», «En esta gran época», «Una carta de Rosa Luxemburgo» (¡más que por Kraus, esta vez, por su implacable corresponsal!), «La tercera noche de Walpurgis». Tantas. La antología tiene 500 páginas y Die Fackel duró treinta años. Aunque quizá pudo haber tenido un puñao de páginas más, por aquí la insatisfacción es obligatoria.

Menos obligatoria, en cambio, es la que produce el llamado aparato crítico. Un índice onomástico con dos líneas biográficas de los principales personajes que aparecen en el libro es poco aparato. Leer a Kraus en España, un siglo después, necesita mucho más contexto. Probablemente, el hipertexto que sólo una edición digital podría darle. En cualquier caso, y para no salirse del lado analógico, hay en la propia Acantilado ejemplos de ediciones más ambiciosas: la Vida de Samuel Johnson, por luminoso ejemplo. No es sólo que Die Fackel mereciera algo así; es que lo necesitaba. Pero, sobre todo, yo tengo una objección: veo poca prensa y demasiada literatura en el tajo de Kovacsics.

Entre los mejores aforismos de Kraus hay este:

«Una columna es algo que ha escrito otro: yo sólo pongo la luz».

Es razonable la tentación de proponerla como una definición de la columna y del propio oficio. Lo escribí una vez. Pero en sentido recto describe el trabajo principal de Kraus, su método extraordinario de trasplantar piezas enteras de los periódicos a su Fackel y ver cómo allí, en la revista, sin añadirle mayor comentario, adquirían un sentido nuevo, demoledor.

En la antología sólo hay un gran ejemplo del método: El baluarte de la República. Sabe a poco. Pero también se comprende que trasladar a este libro la prensa socialdemócrata de la época era imposible. Pero no me hagas mucho caso. Más que las carencias del Fackel español, de La Antorcha, es el gran afecto que tengo a Kraus lo que me pone algo picajoso. Y el problema es que ese carácter no se pasa leyéndolo. Todo lo contrario.

Sigue con salud
A.

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Ilustración de Raúl Arias para el artículo de A. Espada. Vía idem.

Karl Kraus y la revista Die Fackel. 1899

Natalia Vidal en Rayando los confines.

Tanto en Alemania como en Austria, al buscar material sobre Karl Kraus o su revista Die Fackel en una librería moderna o de libros usados, se nos señalará una amplia sección catalogada bajo el moto "Publizisten", próxima a "periodismo/ revistas", cercana a la de "libros por autor...". La primera impresión es la de haber sido víctima de una broma estúpida del librero. Pero ocurre que en la cultura de habla alemana, el publicista, lejos de ser un individuo dedicado a la producción de publicidad - Werbung - implica un plus categorial, un estatus de especialidad que le habilita a dedicarse exclusivamente a la opinión.

Y aquí la difícil tarea de darle a Kraus una categoría periodística que no sea del todo periodística sin que deje de remitir al periodismo, más la sorpresa de no hallarlo reconocido como ‘escritor' en las librerías. Aunque por cierto no tan impactante como cierto archivo de cortometrajes caseros, donde un Kraus agazapado detrás de una larga mesa derrama su mirada sobre unas hojas y eleva unas manos de dedos largos como juncos al grito de "¡CUERVO! ¡CUERRRRVO!".

Los calificativos, en todo caso, resultan o exagerados o pobres. Else Lasker-Schüler propuso los sobrenombres de "Papa negro" e "hijo de Lama", Walter Benjamin lo estimó un "Cáliban" y un "juez", el investigador Edward Timms, más contemporáneo, lo trabajó como "satírico maestro de máscaras", y así se podría seguir enumerando indefinidamente. Y es que hay un Kraus para todas las miradas posibles, lo que también lo hace hasta cierto punto inaprehensible.

¿En qué medida la obra de Karl Kraus encuentra una recepción en el ámbito intelectual, académico? ¿Fue realmente Kraus un periodista ‘anti-periodismo' o un escritor? ¿Fue un teórico de la lengua, la moral, la ética y la estética, o su juez? ¿Fue Die Fackel una revista - cultural, crítica, política, progresista/denuncista-, o es cada ejemplar apenas el capítulo de una larga novela satírico-realista-biográfica sobre 36 años de historia que atraviesan la carne de un individuo? ¿Fue Kraus uno de los pocos críticos que avizoró Holocausto y postmodernismo en el análisis de elementos terribles de lo moderno que tal vez, y bajo otras máscaras, aún permanecen vigentes?

Académicamente, existe un intenso estudio sobre la obra de Kraus emprendido en los diferentes Institutos de Germanismo de las universidades europeas (1). El volumen de su obra llega al límite de lo inconmensurable. Además de una importante reimpresión del Die Fackel a fines de los años 70, entre las décadas del 80 y el 90 cobró un importante impulso la tarea de archivo de documentos escritos y audiovisuales, de construcción de catálogos temáticos y localización de lecturas públicas de Karl Kraus, sus intervenciones en ciclos radiofónicos, la reedición de escritos centrales en volúmenes, la selección y recuperación de correspondencia y fotografías, la edición de guías para identificar hechos e individuos mencionados, el rastreo testimonial de memoria histórica (2). El diccionario misceláneo del Die Fackel - casi tan impagable como la colección completa de la revista y su edición en CD-ROM- es otra maravilla de este arduo trabajo de investigación y archivo. En 1999, y gracias a este importante proceso de recuperación documental, fue posible realizar una gran exposición del Die Fackel cumplidos los cien años de su fundación (3).

La cantidad de trabajos de doctorado realizados sobre diferentes aspectos de la obra y del pensamiento de Kraus sigue creciendo, y ya en 1988 se ha editado una compilación de escritos tempranos (4), todo el material literario publicado por Kraus en ediciones de autor y en revistas y periódicos antes de la fundación del Die Fackel en 1899. Académicamente también, existe una tendencia a dejar de lado la obra de Kraus, por extensa, o lo que es aún peor, para dictar seminarios sobre sus amoríos, un despropósito krausiano como pocos. Esta oscilación dentro del mundo académico recuerda decisivamente la línea demarcatoria que postula enérgicamente Kraus entre el "caso Dreyfus" y el "affaire Dreyfus" - la parrafada periodística sobre el juicio-. El resto, de por qué Sydonie Nadherny "sí rompió las cartas, pero antes las transcribió a su diario íntimo", le resulta poco interesante a cualquiera que tenga ganas de discutir, maldecir, revalorizar, analizar y releer pasajes de la obra de Kraus, lo que, en realidad, también es discutir, maldecir, sorprenderse, alegrarse, enojarse y releerse a sí mismo de cara a la propia elección, la de haberse metido con la obra de tal individuo.

Como se explica más arriba, resulta muy difícil caracterizar el desempeño de Kraus con apenas un calificativo, una función (juez y actor de la realidad, escritor, especialista de opinión, esteta, moralista, apartidario-partidario, amigo-enemigo del Expresionismo, defensor de la reivindicación de las identidades nacionalidades al interior del imperio, judío asimilado, cristiano, egocéntrico de profesión, socialista, recitador carismático, traductor... y hasta pseudo-cabaretista, si es que se ha tenido la oportunidad de oírle cantar un fragmento de "Los últimos días de la humanidad", "La ronda de la prensa", editado en CD... latinista, abogado del cielo y del infierno, jurado, actor, corrector de estilo, lingüista... y, a fines de permanecer en lo mesurable, un individuo peligrosamente ambivalente) y una revista.

La posibilidad de tomar al Die Fackel como algo más que una pubicación trimestral siempre resulta un tanto provocativa, aunque ni del todo errada o poco tentadora desde la perspectiva de la biografía de época, la de un hombre y su tiempo histórico. Pues de ser así, habría sido escrita a lo largo de 36 años de manera ininterrumpida -excepto por algunas confiscaciones y engorros de la ley de censura previa-. En todo caso, Die Fackel perteneció a un editor que fue escritor, "especialista de opinión", traductor y poeta y que excepto entre 1903 y 1911(5), escribió su periódico sin colaboradores ‘internos'. Esto sólo quiere decir que Die Fackel nunca fue realmente escrita por un sólo individuo -en general existe un consenso académico diametralmente opuesto sobre este asunto-, pues la publicación de contenido epistolar central y secundario es una voz paralela de refuerzo, tan presente como el recurso de las citas textuales de autores clásicos y de la prensa diaria. Contenido epistolar central que es publicación de cartas con nombre y apellido y contenido epistolar secundario, respuestas del editor a las cartas de lectores, casi nunca con publicación de la fuente, menos aún si se deja claro la imposibilidad de responder por escrito a posibles insultos (6).

Si tomamos como muestra los 27 números correspondientes al primer año editorial, 12 de ellos incluyen correspondencia de otros individuos en tanto espacio central de expresión (7), y no en las últimas páginas de la revista. El contenido escrito sólo por Kraus arroja un 55,56 % del total (8. Sí existe, en cambio, un criterio absoluto de selección temática y edición, más un efecto de discurso absoluto manipulado alternativamente en la enunciación de la palabra -una división caprichosa entre un ‘yo' y un ‘nosotros' editorial, o  exclusivo, que nunca deja de ser un ‘yo'-. El efecto de un discurso absoluto se plasma en la denuncia que expone las trampas de sus contemporáneos y en la búsqueda de una ‘verdad' como reclamo de una deuda impaga de lo moderno con sus hijos.

La capacidad profética de Karl Kraus deriva de su obsesión implacable por el seguimiento de la actualidad, de su agudo análisis histórico, de su metodología de ‘análisis cultural' hacia atrás, hacia el pasado, que en algunos aspectos se podría poner en contraste con la Escuela de Frankfurt, o al menos dejar la pregunta abierta, la de si hubo efectivamente alguna "iluminación" compartida o no.

Lo cierto es que muy difícilmente entren a las páginas del Die Fackel individuos o hechos claros y "limpios", libres de corrupción, o del antojo estético de Kraus, y que el proceso de interpretación y escritura los libere. Todos salen amargamente desnudos y con cadenas en los tobillos. La crítica implacable de la red argumentativa obliga al lector a volver sobre las palabras una y otra vez. El recurso a la injuria y la sátira, la inmaculada cita de los clásicos y la transcripción de fragmentos mal escritos de la prensa liberal, busca un saneamiento interno  del lector, para que engendre un pensamiento crítico propio, libre de fraseologías y juicios estéticos implantados. Aunque la mayoría de las veces el lector del Die Fackel fue poco agradecido y no se dejó "iluminar por la luz de la antorcha". Aprendió principalmente a odiar al "cretino" de su editor, pues, según el caso, la sátira funciona como un recipiente de estiércol  arrojado en plena cara (8.1).

II.  La caza del escorpión: Herzl, Dreyfus, Lueger, Liebknecht y la prensa.

En una carta paternal publicada en el número 2 de Die Fackel, Maximilian Harden, que saluda el emprendimiento, alecciona:    

Espero que aprenda a reconocer cada vez mejor que la desgracia de la institución (periodística) no proviene de las personas. El periodismo se ha vuelto un oficio gran capitalista, una empresa que hace dinero dirigida por personas ajenas al trabajo que orientan el camino acorde a sus intereses privados. El periodismo se ha vuelto lo que podía ser.

¿Qué deben hacer las personas con medio y tres cuartos de talento? Usted se arrastra sobre un territorio que está caliente (9).

El primer año en el que este Kraus "rastrero" publica el Die Fackel, alguna contratapa recuerda al lector la existencia de dos obras satíricas de su editor "al alcance en todas las librerías": Die demolierte Literatur (La literatura demolida) y Eine Krone für Zion (Una corona para Sion). En parte, el primer año de la revista va a continuar y profundizar elementos argumentativos presentes en estas dos obras. Los grandes ejes temáticos son, por lo tanto, dos: antisemitismo, nacionalismo y prensa liberal  -las figuras privilegiadas son Theodor Herzl, Karl Lueger, Richard Dreyfus y Wilhelm Liebknecht- y el tráfico de influencias en las esferas del arte (literatura y teatro) y la comunicación - de carácter más marginal durante este primer año editorial-. El primero de ellos se dedica al tratamiento crítico de temas controversiales -eje fundamental para el análisis del proceso de construcción de legitimidad para este tipo de publicación-. El segundo trabaja sobre la interdependencia política y económica dentro del campo cultural y comunicacional, la retórica y acción de los Cliquenwirtschaft  (grupillos económicos o financieros). El empleo de la lengua atraviesa el análisis en todo momento. Ambos temas centrales, a su vez, se interconectan en diversos recorridos argumentativos. Tomemos un ejemplo en torno a Theodor Herzl: corresponsalía en Francia en 1894 -reapertura del caso Dreyfus en 1899-  Judenfrage- sionismo- affaire Dreyfus- literatura- Neue Freie Presse- sociedades de acciones- política imperial (Una corona para Sion, La literatura demolida, Die Fackel 1899): antisemitismo, nacionalismos y prensa, el tráfico de influencias en la esfera del arte y la comunicación.

En 1894, Theodor Herzl, que se encontraba haciendo una corresponsalía en Francia, publica un artículo en la Neue Freie Presse donde califica "infantil" la idea de buscar el lugar geográfico de la tierra de origen. La tierra de origen estaría en el aprendizaje de la religión, en la continuidad de la memoria. La prosecución de la esperanza del retorno, pondría a los judíos en el paradójico reconocimiento de una 'no identidad' de conjunto (9.1). De este modo resume el estatus de asimilación lingüística y económica al de nacionalización y deja afuera la tensión ejercida sobre una identidad cultural suspendida entre la sangre y las ventajas y desventajas del ingreso a la profesión liberal ejercida en un territorio ya constituido. El caso Dreyfus es el disparador de este ya mencionado desencanto de Herzl con Francia. Allí es testigo de manifestaciones antisemitas que le recuerdan las peores amenazas del pangermanismo de Schrönerer, sus manifestaciones por las calles de Viena entre los años 1887 y 1888.

También en 1894 el líder socialdemócrata alemán Wilhelm Liebknecht se encuentra cumpliendo una condena de cuatro meses en prisión. La realidad atraviesa los muros de su celda en la lectura sistemática de periódicos franceses y alemanes. Liebknecht, familiarizado con los juicios por espionaje, advierte hondas diferencias en el tratamiento de hechos y móviles en la prensa de una y otra nación. Los periódicos alemanes sostienen la inocencia de Dreyfus, exageran en descripciones inconducentes, demonizan a Francia con una retórica popularizada durante la guerra franco-prusiana. Liebknecht duda. En aquél entonces, e incluso en el período correspondiente a la revisión del caso, "el movimiento antisemita francés es insignificante en comparación con los de Alemania y Austria" (10).

Herzl, por su lado, comienza a poner en cuestión la verdad de la asimilación y su identidad en un proceso asimilatorio que hasta entonces se había desvanecido tras el éxito de su escalada liberal y su desempeño como periodista. De este modo decide abandonar su corresponsalía en Francia y en 1895 crea el movimiento sionista junto a Max Nordeau, compañero de la Neue Freie Presse, escritor y, al igual que el propio Herzl, judío asimilado de origen húngaro. El sionismo no se autoproclama partido político, sino movimiento. Movimiento nacional judío, sionismo como "jüdische Volk unterwegs"(11). Para llevar adelante su proyecto, Herzl saca fruto de su posición dentro del periódico, genera congresos de discusión, se vale de su capacidad como folletonista, escritor y libretista para llegar a la judería que todavía permanece entre las paredes del gueto. Ellos son principalmente los judíos del este de Europa, los no asimilados. Y el caso Dreyfus, el foco de la prensa nacional e internacional, se convierte en la prueba de fuego. La emancipación, esa asimilación europea, no es efectiva, no es justa ni es "nacional". Entre el primer juicio a Dreyfus y su reapertura en 1898 tras la confesión del mayor Hubert Joseph Henry, el partido socialcristiano gana la alcaldía de la ciudad de Viena a través de Karl Lueger.

En este entorno sale a la luz la publicación de Kraus, cuando ya se empieza a avizorar con más fuerza el peligro de los partidos nacionalistas, lo endeble de la Judenfrage, que se actualiza en el tamiz del antisemitismo presente en un caso de espionaje, y el tratamiento global realizado por la prensa diaria. A partir de ese momento,  Die Fackel no dejará de atacar con voracidad ni el emprendimiento de Herzl ni la persona de Herzl y su camarilla de colegas periodistas-escritores. El ataque al sionismo ya aparece en el primer número, forma parte de la lista de seres y situaciones que marcan la catástrofe moderna, que encarnan la decadencia y la corrupción a las que va dirigido el saneamiento intelectual propuesto por la revista.

Se llaman a sí mismos "sionistas", a través del griterío nacional quieren una nueva existencia en el satisfecho y contaminado Imperio austríaco, una existencia a la que privilegian como pueblo judío, e imponen ansiedad por una loada tierra de origen a los  inofensivos y dichosos paseantes que huyen del excremento antisemita (12).

Pero el artículo no está dedicado exclusivamente a la figura de Herzl y su movimiento, se menciona a la prensa, a los periodistas, al caso Dreyfus. Dreyfus y Herzl significarían el fracaso de la asimilación en el sistema jurídico y la victoria de la corrupción periodística inserta en el mapa de un sistema financiero que reproduce su aventura política en el campo cultural. Dreyfus y Herzl no significan menos el fracaso de una nación 'civilizada', en este caso Francia y sus cimientos humanistas, que la prensa el de la verdad de una información objetiva.

Queda la pregunta de si el interés dogmático de lo judío clerical, al final no podría causar mayor desastre que todo antisemitismo. Esforzados, los judíos después de 4.000 años de instrucciones como "pueblo elegido que no se mezcla con otros pueblos" - ellos no deben cosa semejante-  explican a Dreyfus cual dedo índice de su Dios contra la asimilación (13).

En lo que se refiere a la presencia de Lueger dentro de la tensión Herzl-Dreyfus, es el temprano pangermanismo de Schönerer el que posibilita el surgimiento de un partido como el socialcristiano, que recluta a las clases medias y bajas en sus aspiraciones truncadas de ascenso económico y sentimientos nacionalistas, sectores que el pangermanismo  -liberal y aristocratizante-  había dejado de lado. Lueger había militado inicialmente en las filas liberales y luego, desencantado por el "grado de corrupción" (14), se les opone definitivamente junto a los demócratas. El campo abierto por Georg von Schönerer -quien además era dueño del Deutsche Volksblatt y el Ostdeutsche Rundschau, dos periódicos que utilizaba como órganos de su partido- le permite crear una coalición socialcristiana que progresivamente obtendrá una fuerte posición en el Parlamento. La misma, constituida por ex- liberales, demócratas y clericales, contó con un elevado número de miembros pangermanistas y, aunque el partido era abiertamente antisemita, Lueger no habría contado dentro del grupo de los más radicales (15). Se limitaba a hacer comentarios descarnados y algo escandalosos que llevaran al choque a la prensa liberal. Y así ocurría. La Neue Freie Presse publicaba estos ataques, cuando no inventaba excusas para atacar sus emprendimientos legislativos y urbanos, dejando de lado toda crítica ideológica concreta.

Die Fackel reconoce a Lueger como un líder marcadamente antisemita, aunque lo atiende como una criatura que ha tomado posición en una fisura del conflicto de poder. En 1899 Lueger eleva una reforma electoral al Parlamento a través del Arbeiterverein.

La longeva corrupción del ser de nuestro país desagrada por fuera, los antisemitas como escolares aplicados se han calzado la cómoda palabra látigo "defensa de la propiedad" como esencial para ellos mismos. Reformas à la Prix llevadas a cabo por un Lueger, les dará la posibilidad futura de ganar influencia nuevamente en el ayuntamiento (16).

Para Die Fackel, la existencia de un Karl Lueger en la alcaldía de la ciudad de Viena se debió al fracaso, la imprudencia y la falta de escrúpulos liberal. Por este motivo, deja que el antisemitismo hable por sí mismo a través de hechos concretos y se limita a juzgar y castigar la negligencia de periódicos liberales como el Neue Freie Presse, quienes dejaron mucho que desear a la hora de forjar un discurso serio de oposición.

Herr Dr. Lueger festeja ahora el triunfo que le ha preparado la torpeza de su opositor. Los diarios liberales de Viena han intentado luchar contra su oponente político con no poca falta de comprensión, y mediante ataques en el área técnica. En primer lugar aseguraron en consenso que la nueva instalación de gas no estaría terminada, después pusieron énfasis en la poca probabilidad de que las conexiones estuvieran listas en los hogares según el tiempo acordado.

(...)

Al final, cuando se encendió la nueva luz de gas, en sus páginas decía que iluminaba mal, días después se reconoce que ilumina tan bien como la antigua (17).

En el flanco opuesto a la coalición de Lueger, la socialdemocracia de Viktor Adler reaccionaba tanto a un liberalismo congraciado con el militarismo y el poder de la corona como al partido socialcristiano. Entre ambos, los nacionalistas chechenos y serbios, que se postulaban como representantes del malestar multiétnico, amenazaban con la irrupción del caos y disolución imperial. El socialismo comenzaba a ver en los territorios de los Habsburgo el difícil ideal de internacionalismo, Herzl se dirigía a los guetos. Lo que para el socialismo era el mayor problema inicial a resolver, esto era, romper la barrera del idioma para tener una llegada efectiva, fue el punto fuerte de Herzl. En este contexto, la cohesión lingüística adquirió un valor relevante en el conflictivo concepto de lo nacional y la "ciudadanía".

En cada uno de sus ensayos, Kraus pone de relieve lo absurdo de un rápido efecto de asimilación a través de los intereses de la empresa. El proyecto de Herzl le resulta  escapista, fantasioso, lejano al intento de encontrar una solución real a la ley de la excepción, al derrumbamiento de las paredes del gueto, o a una "reforma en la educación judía sin pérdida en la tradición y la creencia"(18). Die Fackel afirma que la cultura judía ya sería parte de la cultura de Europa y mediante el caso Dreyfus desgarra las vestiduras del sionismo, y a través del affaire Dreyfus señala la falta de integridad de la prensa diaria pues en ella reconoce una "otra" presencia y, violentadora, la fraseología como inmoralidad de la lengua.

Entre los números 18 y 21 de Die Fackel, se publica la colaboración externa de Wilhelm Liebknecht. No tanto porque Kraus esté empezando a desarrollar interés en el poder de oposición de la socialdemocracia y su lucha contra el liberalismo como por un reconocimiento de neutralidad respecto de las posiciones chauvinistas que caracterizan al tiempo histórico. Liebknecht escribe como intelectual lúcido, poco le importa ocupar un lugar de controversia al decir que "no cree en la inocencia de Dreyfus". Todo le resulta un espectáculo montado por la prensa, además del pésimo desenvolvimiento del aspecto legal francés.

Al comienzo de mi primer artículo, dije: yo no creo en la inocencia del capitán Dreyfus. Yo he dicho a lo largo de mi argumentación: no existe una absoluta certeza sobre la culpa de Dreyfus (19).

Y como Kraus, Liebknecht hace responsables a los medios de prensa del envilecimiento de la claridad crítica, de confundir y trocar premisas, de no poder asumir un rol verdadero en cuanto a la exposición de las culpas, las dudas, las responsabilidades, la propia conciencia.  

(...): nuestra prensa burguesa, que echó tantas lágrimas y compasión por Dreyfus, que durante todo el año y día a día envió al mundo un humillado sentimiento del derecho con apasionada verborragia, qué ha hecho por esta víctima de la justicia nacional de clases, reconocer ella misma la inocencia de Dreyfus, la justicia que seguramente el Consejo de Guerra francés no concede? ¿Qué ha hecho la prensa burguesa? ¡Absolutamente nada!

Charity begins at home.(...)

La prensa de los países libres se diferencia de la prensa de los países que no son libres porque oculta los perjuicios que acontecen en casa y se ocupa de ellos en segundo lugar,  en primer lugar se ocupa de lo ocurre en el extranjero, mientras que la prensa de los países que no son libres agrandan el velo sobre los daños que acontecen en casa, los mismos que contrariamente son registrados en el extranjero con lupa y lente de aumento. En el affaire Dreyfus, la prensa alemana ha probado con sobresaliente empeño su falta de libertad (20).

Juicio (publicado en la Neue Freie Presse): "La voz de Dreyfus es agradable, y su compostura y su forma de hablar son las de un inocente" (21).

En la medida que Die Fackel denuncia y rechaza el "antisemitismo judío y el judaísmo antisemita" (22) por igual ¿qué lugar le corresponde a su editor, que es un judío asimilado? ¿El lugar de un juez? Kraus asume una posición dentro del corrillo de escorpiones que actúan en la Viena de 1899. La crítica es también profunda autocrítica sobre el lugar y el rol que le toca en este contexto, el de ya no ser "un exegeta parado sobre un lugar seguro y alejado" (23). Y la prensa liberal y literaria es quien tiene mayormente "la culpa", quien le hace imposible seguir ocupando este lugar de exegeta. Pues la razón de ser de la prensa le habría mostrado su impudicia en el ataque al antisemitismo mediante argumentos falaces que nada tienen que ver con la violencia de la acción antisemita concreta; la razón de ser de la prensa habría sido impúdica porque funcionó como fortaleza protectora de una mala conciencia política; la razón de ser de la prensa habría sido impúdica, porque sólo a la luz del caso Dreyfus y el surgimiento del movimiento sionista regresó a una Judenfrage por largo tiempo ignorada, la razón de ser de la prensa habría sido impúdica porque, pese a la defensa de sus propios intereses, fue incapaz de asumir un espacio de oposición relevante y porque, sin el menor asomo de mala conciencia, habría sobreexpuesto la interdependencia económica y política del campo cultural. ¿Y por qué no? ¿Acaso no era Viena un lugar opresivo y majestuoso, un lugar "donde todos conocen a todos" y donde se sabe "qué mano se mete en el bolsillo ajeno"? (24).

Aquí las injurias de Kraus hacia el Grupo de la Joven Viena, Herman Bahr, la Sezession, los críticos literarios, las piezas de teatro, las reuniones del Concordia Club (25), la concentración de capital y el vínculo entre entidades bancarias y periodísticas -"economía de cliqué"- asumen un espacio anecdótico.

El compromiso de Die Fackel irá ‘aumentando y mutando' a través de los años, aunque muchas de sus características centrales se forjan aquí. Un primer año editorial que comienza a construir una legitimidad de la palabra con una abierta declaración de guerra a los discursos hegemónicos. 

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(1) Además de universidades de habla alemana, existe gran interés por la obra de Kraus y del Die Fackel en Londres. En general, los simposios salen editados en inglés y alemán. Karl Kraus in a new perspective. London Kraus Symposium. Edited by S.P. Scheichl and E. Timms. München. 1986. 
(2) El Diccionario de "Die Fackel" consta de tres volúmenes, el primero de ellos es el Diccionario de los modos de hablar, editado en 1999. El segundo volumen, Diccionario de insultos, y el tercero, Diccionario ideológico, se encuentran en preparación en la Academia de Ciencias de Austria (Österreichischen Akademie der Wissenschaften). El Personenregister (registro de personas mencionadas en Die Fackel), fue editado por Franz Ögg. Suhrkamp, 1998. Unos de los más completos registros de documentación son los Kraus Hefte (cuadernos de Kraus), editados por el Dr. Sigurd Paul Scheichl (Universität Innsbruck/Institut für Germanistik) - quien también, junto a su equipo, ha montado la exposición sobre el Die Fackel en el Jüdisches Museum de Viena - y el Prof. Dr. Christian Wagenknecht (Universität Göttingen/Seminar für deutsche Philologie). Los cuadernos salieron entre 1977 y 1994 de manera trimestral.  
(3) La exposición tuvo lugar en el Jüdisches Museum de Viena. Es aquí donde tuve la oportunidad de ver los cortometrajes caseros de Kraus sin tener que padecer penurias burocráticas.
(4) Karl Kraus: Frühe Schriften. Band I: 1892 - 1896. Band II: 1897 - 1900. Band III: Erläuterungen von Johannes J. Braakenburg. Frankfurt: Suhrkamp 1988.
(5) Entre otros, sus páginas cuentan con aportes de Wedekind, Altenberg, Viktor Adler, Otto Weininger, Strindberg, Stefan Törmörkeny, Oscar Wilde, Egon Friedell, María Heim, Fritz Wittels, Albert Ehrenstein, Erich Mühsam, Paul Scheerbart, Otto Soyka, Robert Scheu, Albert Ehrenstein, Egon Friedl entre otros. Sólo en esta segunda etapa, son varios los ejemplares - cerca de 20 - que sólo contienen la palabra de Kraus en la sección de respuestas del editor. Algunos de estos artículos y otros de Kraus serán reimpresos en Der Sturm.
(6) "Las cartas anónimas que prescinden de contenido objetivo y estímulo positivo, no podrán ser respondidas". Kraus, K. Antworten des Herausgebers. In: Die Fackel, Nr.6. 1899. Wien: S.28 
"Las interpelaciones anónimas no serán respondidas"
Kraus, K. Kraus, K. Antworten des Herausgebers. In: Die Fackel, Nr.14. 1899. Wien: S.24 
(7) Entre la correspondencia más relevante, Die Fackel cuenta con los aportes de Wilhelm Liebknecht, Karl Adler, Wilhelm Ellenbogen, Maximilian Harden y Arthur Holistcher
(8) En lo que respecta a las respuestas del editor, sobre un total de 27 ejemplares con un promedio de 28 páginas cada uno, sólo el total dedicado a respuestas suma alrededor de 32 páginas, cantidad que por sí sola permitiría publicar un número suelto.
(8.1) Leyendo las respuestas a las cartas de lectores se puede advertir una tercera posición respecto del Die Fackel -entre el amor y el odio-, una tercera posición nada despreciable numéricamente: el ‘lector morboso', al que no le basta leer su pseudónimo o la respuesta que le corresponde en la última página de la revista, y tampoco parece tener en mente el hacer justicia colectiva o desbaratar la corrupción. El lector morboso acusa, entrega nombres y hechos insignificantes con la esperanza de que sean trabajados e investigados, quiere ser mentor. Kraus les responde siempre un par de líneas con mucha amabilidad.    
(9) Harden, M. Brief. In: Die Fackel. Nr.2., 1899. Wien: S. 3,4.
(9.1) Kraus, K. Ein Beitrag zur Geschichte der zionistischen Bewegung. In: Die Fackel. Nr. 16, 1899.Wien: S.23-24
(10) Liebknecht, W. Nachträgliches zur »Affaire«. In: Die Fackel. Nr. 18-21.Wien, 1899.
(11) Holitscher, A. Brief. In: Die Fackel. Nr.15 1899. Wien: S. 8-11
(12) Kraus, K. Die Unabhängigen. In: Die Fackel, Nr. 1, 1899. Wien: S..4.
(13) Kraus, K. (ohne Titel). In: Die Fackel, Nr. 7, 1899. Wien: S.4.
(14) Lueger era abiertamente antisemita, de manera que muy posiblemente se haya distanciado del partido liberal debido a la elevada cantidad de miembros de ascendencia judía.
(15) Steven Beller cuenta, entre otros ejemplos, que en una reunión del Musikvereien, Lueger hizo afirmaciones provocativas sobre la culpabilidad de Dreyfus frente a miembros judíos del liberalismo; Görlich y Romanik en su  Geschichte Österreichs, ponen el acento en las grandes mejoras urbanas realizadas por Lueger, mencionan su postura antisemita pero evitan entrar en detalles. Para un perfil más abarcativo de la persona de Karl Lueguer, ver: Karl Schorske. Wien. Geist und Gesellschaft im Fin de Siècle. III Kapitel. Piper, 1997. Deutschland (existe edición en español).
(16) Kraus, K. (ohne Titel). In: Die Fackel, Nr.10, 1899. Wien: S.2
(17) Kraus, K. (ohne Titel). In: Die Fackel, Nr.22, 1899. Wien: S.20.
(18) „Jüdischer Religionsunterricht" (Anonym). In: Die Fackel, Nr.13, 1899. Wien.
(19) Liebknecht,W.Nachträgliches zur »Affaire«,zweite Folge.In: Die Fackel, Nr.19, 1899. Wien: S.5.
(20) Liebknecht,W. Schlusswort. In: Die Fackel, Nr. 21.1899.Wien.
(21) Lapidares aus der "Neuen Freien Presse". In: Die Fackel, Nr.14, 1899. Wien:S.22.
Se trata de una sección flotante dentro de la revista, una suerte de cementerio de frases mal escritas publicadas en la Neue Freie Presse.
(22) Kraus, K. (ohne Titel). In: Die Fackel, Nr. 11, 1899. Wien: S.1-6.
(23) Kraus, K. (ohne Titel). In: Die Fackel, Nr.1, 1899. Wien: S. 1-3.
(24) Kraus, K. Die Vertreibung aus der Paradiese. In: Die Fackel, Nr.1, 1899. Wien: S. 14.
(25) Concordia Club. Concordia es el nombre de una sociedad de fondos de pensión para escritores, libretistas y periodistas. En la práctica, tuvieron mayor poder los periodistas de los diarios liberales y los empresarios que los actores y los escritores. En el número 26 de 1899 de Die Fackel. Kraus relata una velada escalofriante en el Sophiensaal, aburrida, con la presencia de los periódicos oficiales y liberales, excursiones de pandillas al guardarropas, personajes ausentes sin anuncio, discursos interminables y, lamentablemente, sin el programado show de coristas y baile. 

NOTAS.-

Enlaces [en azul], corchetes, negritas [con perdón] e imágenes son aportados por EQM. También, por razones discutibles de legibilidad en internet, el incremento de párrafos en textos ajenos, respetando el contenido, que puede leerse en el original pinchando el enlace.

servido por elquiciodelamancebia 6 comentarios compártelo

6 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Rosa

Rosa dijo

Qué pena que, en habiendo habido personajes de tanto porte intelectual como el que vd apunta, tengamos que estar gobernados por esta sarta de mataos, mentirosos compulsivos, funcionarios de la política, que nos llevan a la ruina...

Y el Toxo diciendo en Valencia que la gente no se mueve... ¡hay que tener cara dura!

En mi familia ya hay dos matrimonios con hijos a los que no les entra ningún sueldo y que están finanlizando el subsidio de paro.

Rosa

2 Mayo 2011 | 12:51 AM

Blas

Blas dijo

Muy bueno, muy bueno.

Del Círculo de Viena a nuestro Anno-culo der Spanish Philosophie.

En el Leopold Museum de Viena, exponente máximo de la pintura pre-expresionista, y que muestra una impresionante colección de pinturas de Gustav Klimt, de Egon Schiele y de Kolo Moser, la única referencia a España, en las múltiples inscripciones sobre la historia de la pintura a lo largo y ancho de las paredes “museísticas”, es que el gran pintor Schiele murió en 1918, a causa de la gripe española.

A Klimt, el del Beso y Judith, te juro que lo conocía, pero Schiele me sorprendió favorablemente.

Quicio, te lo recomiendo.

Blas

2 Mayo 2011 | 09:06 PM

Natalia I. Vidal

Natalia I. Vidal dijo

Hola! Todo bien! Me parece buena la compilación de esta página. A lo mejor estaría bueno que escribieran la fuente de lo que publican. Por ejemplo, el título del libro de donde sacaron mi capítulo sobre la Judenfrage. Salud! Natalia

4 Diciembre 2011 | 03:32 PM

EQM

EQM dijo

Natalia, muchas gracias por tu comentario. Sobre la cita que reclamas, sólo decirte que se hace referencia a la rev. 'Rayando los confines', con el enlace y tu autoría.

http://www.rayandolosconfines.com.ar/tradu1.html

En todo caso, si consideras que falta algo, no dudes en decirme qué quieres y dónde y lo haré muy gustosamente.

Un abrazo y, repito, muy agradecido.

Enhorabuena por tu trabajo.

EQM

6 Diciembre 2011 | 12:51 AM

Natalia I. Vidal

Natalia I. Vidal dijo

Hola ! Tenés razón! Eso pertenece a la página de Rayando los Confines!!!! Es que el segundo artículo proviene de un capítulo de mi doctorado que tuve que reducir... y bueno: me confundí! Hiciste todo bien! Olvida mi comentario. Me gusta tu página y me sorprende que cada vez más hispanoablantes se interesen por Karl Kraus. Gracias por difundirlo :-) Y me alegra que te guste mi enfoque (intenté ser lo más "krausiana" que pude, que con sólo admirarlo no se le hace justicia). Gracias, Natalia pd. Creo que en la página de Confines también podés encontrar una traducción mía de Karl Kraus en "Traducciones"

7 Diciembre 2011 | 09:06 PM

elquiciodelamancebia

elquiciodelamancebia dijo

Cracias a tí Natalia, por tu comentario y tu labor. Me acerqué a Karl Kraus gracias a Arcadi Espada, que es un gran periodista [www.elmundo.es/blogs/elmundo/elmundopordentro]. Cuídate. EQM.

7 Diciembre 2011 | 09:45 PM

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