Ruidos súbitos
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[Colaboración especial de El Xiquet de Columbretes].
Relato breve.
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Si durante el silencio de la noche me despierta algún ruido súbito, los que surgen siempre una vez alcanzada la paz, ya no puedo volver a dormirme. Me suele pasar en los hoteles cuando me desplazo por necesidades de trabajo. Por ese motivo estuve un tiempo usando tapones. Hasta que dejé de utilizarlos, ya que me era difícil habituarme a ese ruido de fondo interior e inquietante que me provocan. Es como si escuchara a las entrañas de mi cuerpo hacer horas extraordinarias trabajando en el turno de noche para depurar y descontaminar todos sus órganos.
Con el tiempo empecé a darme cuenta que aquellas habitaciones de hotel que me ofrecían como las mejores, las más tranquilas, o sea, las que daban a los patios de luces o al interior de la edificación, me fastidiaban más que las otras: aquellas que sus ventanas asomaban al tráfico enloquecido de las calles o avenidas principales de la ciudad. Y es que conciliar el sueño oyendo de continuo al tráfico rodado intenso, me era más fácil que acostumbrarme a la ruptura imprevista del silencio. El ir y venir de automóviles con sus acelerones y frenadas, pitos, sirenas de ambulancia o policía, configuraban un paisaje ruidoso pero, al mismo tiempo, uniforme, una sonoridad bastante equilibrada, sin picos excesivos que despertaran mi frágil sueño.
Descubrí, entonces, que ese ruido sostenido aliviaba mi espíritu y me daba tranquilidad, por impedirme, al tiempo, oír los ruidos esporádicos del propio hotel: puertas, persianas, descargas de inodoros, duchas, teléfonos... Y qué decir de las conversaciones tanto privadas como de la TV o radio. Éstas son lo peor, pues incitan a escucharlas, a prestarles la atención suficiente para llegar a descifrar lo que dicen, impidiéndome regresar a la armonía del sueño.
Me pareció buena idea, pues, grabar esos ruidos de tráfico intenso, seleccionar los mejores y más lineales durante diez minutos y grabarlos repetidamente en un CD para escuchar éste durante toda la noche, en reproducción continua. De esa manera me aseguraba siempre un mismo ambiente sonoro, estuviese donde estuviese. El resultado fue una maravilla: me llevaba el reproductor y, con un volumen previamente estudiado, lo conectaba y dormía como los linces. Siempre el mismo ruido de fondo para mis sueños reparadores.
Hasta que a altas horas de una madrugada lluviosa me despertó un impacto ensordecedor- por accidente de coche violento- y el revuelo insistente de las sirenas mezcladas con lamentos de dolor. Cuando asomándome rápidamente a la ventana me percaté de que el estrépito y confusión no provenían de la calle, como presentía lógico, sino del propio CD, se me estremeció el alma. Además, la locura se repetía constantemente en el reproductor, como si se tratase de un viejo microsurco rayado. Un repentino escalofrío me obligó a deconectarlo de inmediato.
Nunca pude averiguar por qué aquel aparato reprodujo con insistencia un suceso tan desagradable y que jamás grabé. Fue algo estremecedor e inquietante que me hizo romper el disco en mil pedazos y abandonar el artefacto en la misma habitación del hotel; teniendo que recurrir de nuevo, desde entonces y a mi pesar, a los jodidos tapones.
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El Xiquet de Columbretes [2011]. Todos los derechos reservados.
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'Voces de ultratumba'. Sobre psicofonía. Imagen vía memorica.
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rosa dijo
Xiquet, muy bello y estremecedor.
4 Diciembre 2011 | 12:49 AM