Fantasía profunda
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[Colaboración especial de El Xiquet de Columbretes].
Relato breve.
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Esa noche, durmiendo, me moví demasiado. Posiblemente la culpa fue del sueño que me tuvo en jaque durante muchas horas: yo era un buscador de oro del viejo oeste y, obsesionado por encontrar mi ansiado filón y hacerme rico, no paraba de encaramarme a las montañas más escarpadas y peligrosas, perforando sus paredes de piedra y adentrándome en sus entrañas como fuera. A veces, cuando el dinero escaseaba, llegaba a usar directamente mis manos para abrirme paso a través de oscuros túneles abandonados, con mi quinqué de aceite, hasta marchitarme por el esfuerzo.
En un momento determinado del sueño, marchando a gatas, creí ver algo brillante con la luz debilitada de mi lámpara, en un recoveco del techo de una de las diminutas galerías; así que encendí mi pequeña vela que llevaba de repuesto, para apreciar mejor lo visto. Cuando la acerqué a la piedra, vi con asombro que era verdadero oro y que la presencia de aquella veta me convertía en un hombre millonario. Entonces, llorando de alegría, no pude evitar que el entusiasmo extremo me condujera como un poseso, a arrancar, con mis manos desnudas, algún pequeño trozo dorado. Necesitaba acariciarlo, apretarlo entre mis manos y mostrarlo al mundo para que vieran que mi suerte había cambiado.
Aquel impacto emocional tan enorme hizo que despertara de la fantasía y abriera los ojos viendo las brillantes e intermitentes estrellas de plata del abeto navideño de la gran ciudad. Para incorporarme me desprendí de los cartones que hasta ese momento habían estado protegiéndome del frío de la noche. Los coches, pocos ya, ajenos, pasaban con sus ojos encendidos iluminando únicamente sus propios caminos. Una neviscada muy fina descendía con suma delicadeza para posarse sobre todas las cosas con la intención de uniformarlas. Era el día de Santa Claus. El porche en el que me refugiaba me pareció más pequeño que nunca. Y al reclinarme sobre la pared advertí que sangraba por una de mis fosas nasales y que en el dedo índice de mi mano derecha, en vez de una esquirla de oro, mostraba un diminuto moco sanguinolento.
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El Xiquet de Columbretes [2011]. Todos los derechos reservados.
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'La Fortuna y el mendigo' [1836]. Pintura al óleo de Alexey Markov [Rusia, 1802-1878]. El cuadro, comprado por el Zar Nicolas I [Rusia, 1796-1855], le valió al pintor ser nombrado profesor emérito de la Ademia Imperial de las Artes. Actualmente obra en el Museo del Estado Ruso. Imagen vía Galería rusa.
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Rosa dijo
Soñar es gratis y mejor que te llegue la alegría que constituyan otro grano más de desgracia. Muy buen texto, Xiquet.
11 Diciembre 2011 | 01:02 AM