La Coctelera

El quicio de la mancebía (EQM)

Reflexiones en torno a las chirriantes bisagras que no nos dejan dormir. Al fondo, las bellas artes.

1 Febrero 2012

Linchamientos políticos a la contra

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De la Sentencia absolutoria 2/2012, de 30 de enero de 2012, de la Sala de lo Civil y Penal del Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Valenciana. Ver texto íntegro vía El País.

 

Ejemplo: "Camps es un hombre políticamente acabado"

Cuando el otro día leí en el El País el zarandeo a la Sra. de Barroso por obra y gracia de los defensores mediáticos de llamádme Alfredo, no sólo pensé en hasta qué punto el debate de ideas ha sido sustituído por la pelea de marionetas en manos de los grandes medios, es decir, por ejemplo, Cebrián & Roures, sino en que para saber lo que significa que te conviertan en chivo expiatorio no hay nada como experimentarlo, aunque sea un poquito.

Qué gozada ver cómo destacados progresocialistas, habituales lectores del ex diario independiente de la mañana, lo descalificaban sencillamente porque lo que han estado haciendo durante años, por goteo, por ejemplo, contra Camps, lo hacían, por una vez aunque quizás sirivendo de precedente, contra la almeriense catalanista Carmencita Chacón.

Lo cual es clave para entender la ruina del PSOE, partido que lleva décadas basando su estrategia no en un modelo para España sino en ver cómo me cargo a la oposición, con cordón sanitario o yendo directamente a por sus dirigentes. La reacción de Angel Luna en la Comunidad Valenciana ante la absolución del ex Presidente valenciano, no puede ser más aclaratoria:

- "Camps es un hombre políticamente acabado". "Una pelea contra viento y marea" que "no ha sido inútil". "Hemos tenido que soportar muchos ataques, pero hemos conseguido quitar de la circulación a un president que no era digno de ser presidente de esta comunidad".

Y es que también en eso Valencia resulta ejemplar. Los socialistas valencianos capitaneados por Joan Lerma, perdieron el poder en 1995, cuando cometieron, entre otros, un doble y grave error: coquetear con el nacionalismo catalanista -la bicha para cualquier valencianía- y persistir en su tendencia a dar la espalda a las tradiciones religiosas y festivas de sus votantes, un modelo de cohesión social formidablemente estructurada. Eduardo Zaplana [PP] pactó con el regionalismo [UV] de Vicente González Lizondo y comenzó el principio del fin.

O sea, el 'Partido Socialista del País Valenciano' [PSPV] jugando a la contra de sus propios votantes. Aquella progreintelectualidad de la Universidad de Valencia de la época, que persistiendo en el inútil empeño de un nacionalismo imposible -'País Valencià'- con Joan Romero de nuevo Secretario General [sólo dos años: 1997-1999] , acabó dejando el partido en el camino del erial, que es como ahora se encuentra.

En la actualidad, ya les digo, el vacío es completo. Por no tener ya no les quedan ni ideólogos equivocados. Sólo un marmóreo y vitalicio grupo de dirigentes profesionales de la política que hacen joven al mismísimo Pérez R.  

Consecuentemente, la burocracia afincada en los escasos restos de poder y tratando de salvar el culo, se divide en estos momentos bien apoyando al prejubilado Alfredo, bien cantando las excelencias de la candidata que más enemigos puede encontrar en la ciudadanía valenciana precisamente por su catalanismo, es decir, Carmen Chacón.

Si a eso le añaden los miles de exvotantes socialistas que se siente aruinados por las barbaridades de Zapatero y su Gobierno -otra vez Rubalcaba y Carmencita- y la trayectoria de un PSOE negando el pan y la sal a la Comunidad Valenciana sencillamente porque en ella gobierna el PP con mayorías absolutas ininterrumpidas, ya pueden comprender cómo pinta el futuro para el PSPV.

Por ello la miserable estrategia político-mediática de hundir a Camps no sólo no ha dado ningún resultado a sus impulsores sino que ha contribuído a acrecentar sin descanso el número de valencianos que se sienten con el pelo tomado y que consideran que lo que se ha hecho personalmente con un Presidente de la Generalitat no tiene nombre. El administrado calvario ha acabado por volcarles encima toda una conciencia colectiva.

Pero la estrategia no parará, fundamentalmente porque la mayoría burocrática no tiene otra más que terminar sus días sin saber a qué dedicarse. Natural cuando los intereses se comen a la política.

No obstante, la esperanza de muchos valencianos se cifra en que la maldita ruina contribuya a reducir los intereses regionales, obligando a la centralización del poder en el Estado y en Bruselas.

Y en que la transición socialista de pantomima acabe siendo barrida en un futuro próximo por un nuevo liderazgo que vista de ideas a la socialdemocracia española y también a esos medios empeñados en representarla a golpe de portada a la contra.

Nada fácil, como imaginan.

EQM

 

1ª parte de la entrevista de Antonio Jiménez a Francisco Camps, el pasado lunes, en el conocido programa 'El Gato al Agua'. Vía am1090tx6.

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2ª parte de la entrevista citada. Vía am1090tx6.

Sbatti il mostro in prima pagina (¡Qué raro, una portada sin Camps!)

Santiago González en su blog, 310112.

Vaya, hombre. Habíamos asistido al proceso por la sombra de un burro, a la que habíamos visto alargarse con el crepúsculo socialista centímetro a centímetro, construir un proceso en el que la salsa salía mucho más cara que la perdiz, aproximadamente diez veces más ha costado el juicio a Camps que la multa que le habrían impuesto en caso de haber sido declarado culpable, unas 34 veces más que el objeto del fallido cohecho pasivo impropio.

Uno creía que el broche de un proceso es la sentencia. Finit coronat opus. El diario El País había dedicado a los trajines judiciales que han tenido como protagonista principal al ex presidente de la Generalitat valenciana 126 portadas, contadas una a una por V. Puertollano, desde aquella del 19 de febrero en que Camps reinó a cinco columnas. Parece raro que la sentencia de tan largo proceso no se integre en el relato.

Del mimito a la guerra

Hermann Tertsch en ABC, 310112.

DIRIGENTES y viejas glorias socialistas se han mostrado consternados por el misil -cargado con más veneno de intención que carga explosiva real- que lanzó el domingo contra Carmen Chacón el diario «El País». Nadie cree que este favor a la candidatura de Alfredo Pérez Rubalcaba lo hiciera el diario sin el visto bueno del candidato. Firme es la comunión de interés. Y si algunos de los redactores jefes pasaban casi más tiempo en su despacho de ministro del Interior y vicepresidente, parece harto improbable que mandaran ahora a zapadores a la operación Chacón y Compañía sin coordinarlo con don Alfredo.

Pero él ayer se hacía el loco. Con ese sentido de humor de poco recorrido que a algunos gusta le decía a Ana Pastor en TVE que él «nunca ha hecho guerra sucia». ¡Qué salado! ¡Guerra sucia, en fin, ya me entienden! Se lo decía por cierto a otra mujer bien tratada de otro amiguete de Zapatero como Barroso, García Ferreras.

También estaba allí el director del diario «Público», enfadadísimo con lo que le había hecho «El País» a su dulce candidata. Allí estaban sin mimitos, todos beneficiarios del zapaterismo, Rubalcaba por supuesto no el que menos, desayunando patriotismo PSOE en la televisión del partido. Pero del mimito hace tiempo que se ha pasado a la guerra. Y le decían unos a Rubalcaba que está mal lo de la guerra sucia.

Él replico que nada le es más ajeno que la guerra sucia. Debió de hacerse gracia a sí mismo. Pero las diferencias entre banderías ya son muy grandes. Pocos pueden creer que ese Congreso va a curar las heridas. Porque todos están quedando mal con todo el mundo. Salvo quienes con elegante indiferencia esperan a que haya ganador para mostrar sus preferencias. Demasiado mal queda un periódico que publica ahora una información que todos conocían y que a todas luces no es más que un mandoblazo a las piernas de la niña.

Que la corte de Zapatero se ha hecho rica en estos ocho años es una evidencia. Como lo es que Miguel Barroso, el marido de Chacón, es pieza clave en todo ese organigrama de enchufes y conexiones para el flujo del dinero público hacia las aventuras privadas. Y que la política para todos ellos es la foto, la pose, las conexiones y el negocio. Tras los decorados potemkin de la ideología, de Brigadas Internacionales, fosas, cánticos y sindicatos.

«El País» denuncia ahora toda esta escandalosa hipocresía del zapaterismo porque le urge a un protector y protegido suyo, Rubalcaba, que creyó que a la niña del PSC la arrollaría sin problemas en el partido. Y que ahora se da cuenta de que su imagen y su prestigio dentro del partido han sufrido la misma devastación que ante la sociedad española.

Don Alfredo está nervioso, aunque ponga pose de pasota. Porque no es ni mucho menos imposible que al final, en ese voto secreto del Congreso, haya más delegados que pongan su esperanza de supervivencia en la Compañía Chacón que en el Comando Rubalcaba. En el PSOE hay gente que quería otra cosa. Porque quiere romper de verdad con la siniestra y ruinosa ocurrencia histórica que ha sido el zapaterismo. Sabe que Rubalcaba está calcinado. Y también que Chacón es un invento de mercadotecnia del marido que tiene que volcar todo su talento para que no se desborden sus insuficiencias.

Así las cosas habrá un congreso, una o un secretario general y después nada. Porque si pierde el PSOE Andalucía se quedan con nulo poder y nulo empleo. Y eso para esa agencia de servicios en que habían convertido el partido sí es el infierno.

NOTAS.-

De la Wikipedia catalana:

"El País Valencià és un país d'Europa i de la Mediterrània situat a l'est de la península Ibèrica."

Fácil de traducir:

"El País Valenciano es un país de Europa y del Mediterráneo situado al este de la península Ibérica."

Enlaces [en azul], corchetes, negritas [con perdón], imágenes y vídeos de diversa procedencia son aportados por EQM. También, por razones discutibles de legibilidad en internet, el incremento de párrafos en textos ajenos, respetando el contenido, que puede leerse en el original pinchando el enlace.

servido por elquiciodelamancebia 7 comentarios compártelo

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Ricardo

Ricardo dijo

La prensa sectaria tiene que echar a la calle a los directores del sectarismo no sea que acaben sin lectores antes de que se los coma internet. En Valencia la situación hace años que da grima.

Ricardo.

1 Febrero 2012 | 10:21 AM

XXL

XXL dijo

El País es un periódico independiente y nada sectario. Defiende únicamente la verdad de los hechos. La verdad, la verdad y nada más que la verdad. No da bandazos y tiene una sólida economía. Por eso lo compro todos los días para limpiarme el culo y con las hojas que me sobran, encender el fuego de la chimenea. Óiganme, para eso es excepcional. Un poco caro ,eso sí.

1 Febrero 2012 | 10:36 AM

rev prensa

rev prensa dijo

El drama del PSOE

Ramón Vargas-Machuca Ortega en El País, 010212.

La crisis de incumplimiento, de insolvencia y de impotencia del partido no se arregla con un apaño entre jerarcas, sino con un proceso constituyente para recuperar lo que se ha diluido y dotarse de ciertas reglas

Los partidos son instituciones básicas de la participación política. Pero en su funcionamiento interno están sometidos a un “régimen de excepción” que restringe el ejercicio de algunas libertades, desactiva controles propios de una democracia constitucional y contradice pautas de la representación política. La excusa es hacer más funcional la competición política, aunque en realidad sirve para blindar la posición de los que mandan en los partidos. Y mandan quienes imponen un tipo de intercambio clientelar: la permuta de adhesión política por puestos o gratificaciones particulares. Las consecuencias son previsibles y conocidas. Se sesgan las decisiones públicas para favorecer pretensiones privadas. Se alienta una selección negativa en la que cuenta como mérito la lealtad incondicional. De esta manera, quienes tienen que exigir cuentas son cooptados previamente por quienes tienen que darlas. Poco a poco una militancia profesionalizada suple a la voluntaria; la afluencia de ideas se sustituye por el aplauso. Al final, no queda más remedio que externalizar servicios como la producción de reflexiones y programas que se encargan a una nómina variopinta de expertos. Los partidos se convierten en instituciones zombis y despobladas.

Así las cosas, crece la disonancia entre lo que se cuenta fuera y lo que se cuece dentro, entre un relato público de legitimación y otro latente, funcional para el modus operandi que rige en el interior de los partidos. Mientras las cosas van bien, esta disparidad no escandaliza; como decía Maquiavelo, los hechos acusan y los resultados excusan. Pero cuando estos últimos no acompañan, una opinión pública inmisericorde diagnostica una triple crisis en el partido caído en desgracia. En primer lugar, una crisis de incumplimiento que evidencia la brecha entre lo que se predica y lo que en realidad se busca. Para camuflar esta inobservancia, los partidos recurren a racionalizaciones averiadas y hacen de la necesidad virtud, a lo que ayuda una clientela siempre dispuesta a decir amén. Y como el abuso de esos mecanismos distorsiona el campo de la percepción y dificulta asimilar información objetiva y externa, los partidos terminan siendo víctimas de una segunda crisis: la de insolvencia, muy notoria ante grandes cambios o fracasos sonados pues no saben qué les pasa ni por qué. Finalmente, atrapados en una dinámica de funcionamiento que invierte las prioridades institucionales y hace perder el norte, terminan padeciendo una crisis de impotencia que limita su capacidad de reaccionar para salir del punto muerto.

Aunque sea mal de muchos, no afecta a todos por igual. Perjudica más a los partidos que vinculan sus aspiraciones a razones de ética pública y a la capacidad del Estado democrático de convertirlas en realidad. Es decir, afecta más a partidos como los socialdemócratas cuando anotan fracasos como Gobierno o defraudan como partido. Y todavía más en la situación presente, en la que disponen de pocos recursos solventes a su alcance para reflotar las políticas de bienestar y están inermes frente a imperativos económicos que operan como si fuesen destino. Por eso los dirigentes del PSOE no se hacen cargo de la emergencia objetiva ni de su propia indigencia estratégica. Enfrentados a una situación tan crítica, no están en condiciones de encarar un debate franco a partir de una información apropiada que les ayude a procesar los problemas e identificar sus causas para intentar salir del atolladero. De ahí que hayan dado explicaciones tan poco verosímiles e inconsistentes sobre el descalabro electoral y que casi nadie se haya sentido responsable ni actuado en consecuencia. Al contrario, casi todos se ofrecen a pilotar nuevos proyectos, otro modelo de partido o lo que sea, con tal de seguir ahí a toda costa convencidos de que escampará.

¿Qué hacer para salir de este impassse? Desde luego, no improvisar un apaño entre jerarcas ni añadir cualquier novedad al repertorio. Y como no se puede rehacer en un fin de semana lo que se ha deshecho en años, este congreso, más que cerrar algo (en falso), debería iniciar un proceso constituyente. Lo llamo así para resaltar tanto el calado de la tarea como el sujeto llamado a protagonizarla. El quehacer es doble: recuperar lo que se había diluido y dotarse de reglas ciertas, algo inédito en todos los partidos. Para lo primero, la analogía con aquel congreso de Suresnes de 1974 puede valer. Al igual que ahora, entonces un PSOE desorientado se enfrentaba a un futuro de irrelevancia o centralidad. No estaban disponibles las recetas keynesianas de posguerra. Hubo que forjar itinerario propio, trazar un diseño ajustándose a las necesidades del país y valerse de ese criterio que suma realismo e impulso reformista. Cuando se actúa así, se suelen aprovechar las oportunidades de crear tanta justicia cuanta permiten el funcionamiento de la democracia y la economía, sin empecinarse en metas inviables o mal planteadas que empeoran los problemas. Esta manera de proceder ha distinguido a la socialdemocracia del resto de la izquierda, convirtiéndose en su apuesta más competitiva.

¡Recupérese el punto de vista genuino de la socialdemocracia¡ Y entonces no se darán bandazos, ni se rebuscará en el mercado de los principios a ver cuál agrada a la audiencia. Tampoco se caerá en el error de pretender ser más nacionalista, feminista o ecologista que cualquiera de los que han hecho de esas u otras franquicias la divisa de su propia identidad. Eso, además de avalar aquello que se corteja, es un síntoma de que uno no tiene nada propio que ofrecer. Ni habrá que resignarse al imperativo del “esto es lo que hay” ni tampoco escoltar a esa otra izquierda que con una gran niñez mental corteja la rebeldía e informalismo de quienes, muchas veces con motivo, andan soliviantados.

Hay una segunda razón para abrir un proceso constituyente en el PSOE: la necesidad de reglas. La participación política se canaliza a través de los partidos, pero influir en ellos desde fuera del núcleo dirigente resulta pretensión tan razonable como imposible. Si las oportunidades de participar están secuestradas por un poder constituido, ¿cómo no evocar un poder constituyente capaz de revertir ese poder ilimitado? Esa relación fraudulenta entre vida de partido y democracia solo se supera trasladando a su funcionamiento más garantías procesales para el ejercicio de los derechos y la intervención, porque de ello resulta un poder más controlado y repartido.

¿Y quiénes pueden protagonizar este proceso? Los que mueven los hilos para determinar los resultados del congreso están en otra cosa: el reparto de los remanentes del poder interno. No parecen estar en la disposición kantiana de “atreverse a saber”, poner las luces largas y fijar un horizonte de objetivos propios y precisos. No cabe esperar de ellos que tomen decisiones contrarias a sus intereses inmediatos. Ese es hoy el drama del PSOE: quienes deciden no tienen nada que decir y quienes tienen algo que decir no deciden. Así que para un cambio extraordinario hay que convocar a sujetos extraordinarios. Y estos son aquellos que, parafraseando al abate Sieyès en su memorable ¿Qué es el tercer Estado?, hasta ahora no han sido nada y desean ser algo, aquellos que quieren ser representados sin alienar sus derechos. Es la hora de los ciudadanos, de ese demos socialista alejado del trajín político interno, la hora de tantos socialdemócratas de convicción defraudados por una práctica política decepcionante. Si hubiera posibilidades de participar en serio, retomarían el compromiso sin convertirse por ello en “políticos de jornada completa”. A ellos afecta el porvenir de un partido que desde la Transición ha venido representando la posición en la que convergen una mayoría de españoles. También son PSOE; y sin su concurso, no se conforma una completa “voluntad general” de ese partido.

En manos de los delegados está que se inicie ese proceso. Una iniciativa razonable sería elegir una dirección de transición con el mandato de organizar en un año un congreso extraordinario que culmine dicho proceso y en el que participarían, en condición de compromisarios, una amplia representación de los afiliados (digamos, unos 2.000). En su elección y en las deliberaciones previas a ese congreso tomarían parte quienes se inscribieran en un censo habilitado a tal fin que fueran suficientemente representativos de los votantes. El objetivo es implicar a los electores en este camino de reforma e innovación. Que se abra esa puerta a la esperanza depende de la inteligencia política y el coraje cívico de los convocados al congreso de Sevilla.

Ramón Vargas-Machuca Ortega, catedrático de Filosofía Política, fue diputado del PSOE (1977-1993).

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http://elcomentario.tv/reggio/el-drama-del-psoe-de-ramon-vargas-m...

1 Febrero 2012 | 11:14 AM

rev prensa

rev prensa dijo

Un falso debate

Miquel Roca i Junyent en La Vanguardia, 310112.

¿Sería necesario recordar cuántas sentencias de jueces y magistrados son revisadas en apelación o en casación?

La sentencia del caso Camps ha abierto, una vez más, el debate alrededor de la figura del jurado. Lo que debemos preguntarnos es: si el jurado hubiera condenado al ex presidente, ¿habría habido debate? O, por el contrario, ¿todo serían elogios a su función? De hecho, en el debate se esconde una frustración. La justicia mediática ya había condenado a Camps y ahora reacciona airada contra este jurado que se ha atrevido a llevarle la contraria. En esta situación, el debate no tiene color: viva el jurado popular que como mínimo ha estado rigurosamente seleccionado y ha escuchado durante días y días las pruebas, testimonios y alegaciones de todas las partes.

La justicia mediática es un peligro para la democracia. Parece como si desde el poder judicial se alimentara esta plaga, por la vía de insólitas ruedas de prensa, filtraciones nunca aclaradas y resoluciones que llegan a los medios antes que a las partes procesales. Se alimenta la confusión entre la duda y la certeza, los indicios y la prueba, la obligación de buscar la verdad con el deseo de que la verdad sea la que gustaría. Y en este mar de inseguridad, algunos tertulianos navegan magníficamente; se construye la acusación, se definen las pruebas y se dicta sentencia sin esperar ni respetar la función de jueces y magistrados.

Si el debate se da entre el jurado o la exclusiva de jueces y magistrados, sería de desear que el argumento no fuera el de que el jurado se puede equivocar o, incluso, que se equivoque a menudo. ¿Sería necesario recordar cuantas sentencias de jueces y magistrados son revisadas en apelación o en casación? Y, detrás de una revisión, siempre hay una interpretación errónea de algún juez o magistrado en el momento de aplicar el derecho o de examinar los hechos sometidos a su juicio.

El debate es legítimo, pero no por ceder a la presión de la justicia mediática cuando no le gusta la sentencia o cuando se trata de presentar a los jurados como institutos que no saben o que se equivocan. Es muy simple y, en el fondo, esconde una desconfianza en la voluntad popular. No era necesario esperar al debate sobre el jurado popular para reconocer que en el campo de la justicia queda mucho por hacer. Pero el jurado no es, ni de lejos, el problema más importante.

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http://elcomentario.tv/reggio/un-falso-debate-de-miquel-roca-i-ju...

1 Febrero 2012 | 11:19 AM

Tragaminas

Tragaminas dijo

El jurado popular ha dado una lección a muchos jueces. Sus componentes han sido claros y meridianos al no dejarse llevar por los acontecimientos mediáticos que han asolado sus cabezas durante años. Un ¡¡Bravo!! para ellos

1 Febrero 2012 | 11:34 AM

ULPILEX

ULPILEX dijo

Estoy harto de que se llenen las bocas de la palabra democracia como si fuera el piramidón del mundo y no es nada mas que la forma menos mala de gobernar. Pero si la democracia, que siempre debe de ser creciente, se queda estancada por los intereses de los políticos - mírese España, que da autentico asco- no interesa. Porque esta gente gestiona nuestras aportaciones y gestiona nuestra sanidad y educación y protección social, cuestiones tan importantes que si le diéramos a elegir a la gente entre democracia con una sanidad de mierda o dictadura - la de Franco, por ejemplo- con una sanidad de puta madre. Estoy convencido que la gente, esta gente que no sale a la calle para nada, preferiría mucha menos libertad y una sanidad ejemplar.

1 Febrero 2012 | 06:18 PM

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