La Coctelera

El quicio de la mancebía (EQM)

Reflexiones en torno a las chirriantes bisagras que no nos dejan dormir. Al fondo, las bellas artes.

14 Febrero 2012

¿Se acabó la juerga [en] general?

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'Cuernos' [1987]. Interpretada por Joaquín Sabina [España, 1949], de su disco 'Hotel, dulce hotel' [1987].   Compuesta por él y por Javier Batanero [España, 1960]. ♪♪ ♫ merolandres. Letra.

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"[...] Pero que no te lleve el desenfreno
a hacer de gallo en el corral ajeno
y alguna cenicienta obrera.
Y menos si el marido es un parado
aparte de cornudo apaleado,
se pone hecho una fiera con los...
cuernos, cuernos, cuernos,
siempre tan modernos.
Cuernos, cuernos, cuernos,
es la solución
pon un par de cuernos
a tu depresión. [...]."

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Adiós al caduco/caducado sindicalismo español

Y Toxo y Cándido lo saben. Heredaron la cultura del franquista sindicalismo subvencionado y se criaron en él, engendrando monstruosos organigramas de miles de liberados, ocupando inmensos edificios, generalmente horrorosos, donados y mantenidos por los sucesivos Gobiernos Centrales y Autonómicos.

Dedicados a vivir de la financiación externa y a ocuparse en asuntos que, como con la formación, dan contento a los integrantes de sus estructuras educativas y demás beneficiarios, con los impuestos de unos ciudadanos que han contemplado la desaparición de la otrora sólida formación profesional ocupacional.

Y, mientras tanto, incapacitándose, ellos mismos, para convertirse en modernos entes de gestión de servicios para los trabajadores y observando, impetérritos, cómo la cuantía de parados crecía por cientos de miles, sin pausa, que pasaban al baúl de los recuerdos de su exmilitancia.

Ahora, sienten que se van quedando sin nada. Y solos. Perderán subvenciones a medida que la millonaria parálisis del empleo ponga todavía más al descubierto su complicidad en la ruina zapaterista. Con las graves consecuencias que ha supuesto para su pretendida estabilidad. Este país ha dado, finalmente, el poder al centro derecha porque, con toda la razón, responsabiliza a la izquierda -que también son ellos- de la debacle. Le ha puesto los cuernos con su querida sociedad, su fiel pareja de tantos años.

No les queda otra. Para subsistir, tendrán que vender gran parte del patrimonio que les regaló el Estado como ya lo está haciendo el Sector público. Porque no van a tener ni para pagar su mantenimiento. De dónde. Con la tétrica imagen de esas sedes repletas de decenas de despachos vacíos, plantas enteras sin un alma, desocupadas por quienes han tenido que volver a sus puestos de trabajo en origen o han ido directamente al paro. Perdiendo, además, tantos clientes, afiliados, como influencia se pierde.

Todo lo cual condena a la actual clase sindical dirigente a jubilarse de modo discreto y dar paso a un nuevo concepto de sindicalismo europeo, que tendrá que ser gestionado por gente nueva y especializada, auténticos ejecutivos del conocimiento laboral y administrativo. Si hay quien se atreva.

Sin remisión de los pecados, por supuesto. El hundimiento del PSOE también les arrastra, obligando al PP a ejercer una suerte de tatcherismo sindical, casi sin pretenderlo. No hay mal que por bien no venga. España precisa de un nuevo sindicalismo independiente y representativo del nuevo trabajador.

La sociedad les ha dicho basta, mientras ellos, Cándido y Toxo, se engañaban convencidos de que la tradicional amenaza de la huelga general bastaba por sí misma. Aun ayer, a la salida de su reunión con la Ministra de Empleo, cariacontecidos, soñaban con que mantienen el poder que les regalaba Zapatero -pasteleando acuerdos sociales hasta que Europa mandó parar y le montaron una huelga sin huelguistas- y la capacidad de convocatoria que ostentaban los verdaderamente grandes, Marcelino Camacho o Nicolas Redondo, que vivieron otro mundo y patentaron, con enorme honestidad, el sindicalismo que entonces se precisaba.

Estos, pobres, sin siquiera percartarse de que la mayoría de los que secundaban históricamente el paro reivindicativo ya no tienen trabajo o hace años que se jubilaron. Ni de que les quitan la inmensa financiación que les llega, por aquí o por allá, y se caen de bruces.

Seis millones, compañeros, están en el paro y no han recibido del sindicalismo siquiera una muestra personal de condolencia. Le acompaño en el sentimiento. Cuánto dolor ignorado. Y Cáritas, la denostada Iglesia, como siempre, repartiendo comida o alojamiento, en medio de una situación cada vez más angustiosa.

Huelgas, ¿para qué? ¿con quiénes?

EQM

Parasitismo ofendido

Hermann Tertsch en ABC, 140212.

«MIRAD que os lo habíamos dicho. Que quien avisa no es traidor y a vosotros os lo dijimos a la cara. Estábais advertidos. Que no necesitamos reforma laboral. Para nada. Que no la necesitamos. Y vosotros, dale que te dale. Pues ya está bien de tanta reforma. Y aquí puede arder Troya. Y lo de Grecia va a ser una broma».

Este viene a ser el mensaje de nuestros dos inefables santones sindicales, Toxo y Méndez, Pixie y Dixie.

Parecían dos ciudadanos urbanizados. Lo eran con sus pequeños lujitos de nuevo rico, de restaurantes de lujo, algún crucerito con la parienta, regalos -en su caso nunca cohecho, ni impropio-, sus muy sólidos salarios y esa caja negra sindical en la que nadie sabe cuánto hay, cuánto entra y cuánto sale. Lo eran, civilizados, mientras su rutina parasitaria no se alterara y el dinero de los contribuyentes fluyera plácida y regularmente por los cauces habituales a las arcas y bolsillos de estos profesionales de la inmovilidad.

Pero ahora que saben que hay un gobierno que no está dispuesto al acuerdo bajo cuerda ni al apaño mafioso, les suenan las alarmas en las sedes del trinque. Ahora estos plácidos cándidos se nos han puesto mendaces. Pánico tienen a que se les toque el bolsillo, horror a que se corten sus abusos de pernada en el mercado laboral, en el que no quieren que nada se mueva sin ellos dar pase, control y cobro. Y nos amenazan a todos. Y mucho.

Dicen que si se les toca el bolsillo está en peligro nuestro «modelo de convivencia». Ahí es nada. Cinco millones de españoles desesperan mientras Méndez cambia de Rolex en cada reunión. Pero querer acabar con esta situación insufrible y con el secuestro del mercado laboral por parte de UGT y CC.OO. es algo muy grave que «puede ser muy peligroso», nos dice el otro, Toxo, algo menos procaz que su compañero cacique socialista.

Ahora están dispuestos a todo y acaban de lanzar un órdago para intimidar al Gobierno. Cuentan con significativas ayudas. Así hoy la mayor fuerza de agitación contra el Gobierno recién electo no es una oposición política desacreditada, dividida y hundida. Lo es la televisión pública, RTVE, que afronta todos los días como un nuevo reto de superarse en provocación y agresividad contra el Gobierno.

En un delirio izquierdista radical que se hace patente en toda su cobertura, ya sea del juicio de Garzón o de cualquier reforma. Según nos da a entender la televisión oficial pública más antigubernamental y antisistema del globo, Pixie y Dixie son los máximos representantes del indignado pueblo español que, con su inmensa autoridad y admirable aplomo, acuden a los despachos de un Gobierno poco menos que de usurpadores.

A dar allí un puñetazo en la mesa y decir que hasta aquí hemos llegado. Porque pretenden que sean intocables sus redes clientelares que manejan miles de millones de nuestro dinero sin control ni fiscalización alguna. Ya han empezado con las amenazas. Muchas y duras. Está ya claro que quieren dinamitar las reformas desde el principio. No vayan a tener éxito. Es una mala noticia. Pero tampoco debería alarmar demasiado.

Este conflicto es inevitable. Porque está claro que estos sindicatos son incompatibles con la modernización de España. Que es el objetivo y el deber de este Gobierno. Ha llegado el momento de acabar con estos sindicatos en su actual forma. Surgirán otros, modernos y acordes a los nuevos tiempos. Estos adalides del parasitismo han de ser desenmascarados. Y quebradas sus redes de coacción y sus cauces de financiación con dinero público.

Un Estado no puede financiar a quienes quieren secuestrarlo. 

NOTAS.- Enlaces [en azul], corchetes, negritas [con perdón], imágenes y vídeos de diversa procedencia son aportados por EQM. También, por razones discutibles de legibilidad en internet, el incremento de párrafos en textos ajenos, respetando el contenido, que puede leerse en el original pinchando el enlace.

servido por elquiciodelamancebia 6 comentarios compártelo

6 comentarios · Escribe aquí tu comentario

XXL

XXL dijo

Estos sindicatos deberían mirar a otros países para darse cuenta del chollo que tienen y de o mal que lo hacen y de lo caros que nos salen.

14 Febrero 2012 | 10:02 AM

Doctor Llilett

Doctor Llilett dijo

Los sindicatos que critican a la Iglesia y a la casa del Rey por sus costos económicos, son los primeros que deberían rechazar todas las ayudas supermillonarias y desde luego, salirse de la educación que no tiene ni debe de estar en sus manos. Lo que ocurre es que como es una bicoca más no la quieren dejar. Esa es la verdadera razón y no la ayuda a los trabajadores.

14 Febrero 2012 | 11:22 AM

d...

d... dijo

Los políticos, la policía y el ejército hicieron el cambio cuando entramos en la Democracia. ¿Por qué no lo han hecho los sindicatos?

14 Febrero 2012 | 11:33 AM

rev prensa

rev prensa dijo

El cachondeo de los enfermos imaginarios

Luis María Anson en El Mundo, 140212.

QUE VENGA Molière y lo vea. Esperanza Aguirre ha tirado de la manta y ha descubierto el pastel. Con dos tacones denunció hace tiempo el escándalo de los liberados. Ahora ha puesto en evidencia a los enfermos imaginarios. La picaresca sigue zarandeando la vida española. Lázaro de Tormes -excelente la edición crítica que acaba de publicar Francisco Rico-, Guzmán de Alfarache, el Buscón, Marcos de Obregón, el guitón Honofre o Estebanillo González eran párvulos al lado de la imaginación sindical para la trampa y la trapisondería.

Los liberados, no todos, claro, pero sí una parte considerable de ellos, son los empleados que se dedican a tareas sindicales en lugar de a trabajar. Los empresarios les pagan y ellos se esfuerzan por inundar de arena la maquinaria empresarial. No dan golpe pero resultan muy útiles, eso sí, asistiendo a las manifestaciones sindicales que sin los liberados se quedarían vacías y en evidencia.

Los enfermos imaginarios forman parte de esa caravana interminable de la trapisondería sindical. José Luis Feito, presidente del Instituto de Estudios Económicos, ha escrito: «Las centrales sindicales españolas, con un sindicalismo a veces decimonónico, nos han conducido, en gran parte, a un paro demoledor». No le falta razón al profesor. Las exigencias sindicales han provocado el cierre de muchos millares de empresas. Y, además de privar de trabajo a un número abrumador de personas, los sindicatos han conseguido que trabajen más bien poco muchos de los trabajadores que tienen empleo. Felipe González hurgó en la llaga abierta y sin cicatrizar cuando dijo: «En una gran parte hay que relacionar los salarios con la productividad si queremos competir en los mercados nacionales e internacionales».

Los puentes, el fallecimiento de familiares, el café, los cumpleaños, el bocadillo, el cigarrillo en la calle, los moscosos, las inventadas enfermedades, las mil y una picarescas amparadas por los sindicatos, han reducido la productividad en cifras cada vez más alarmantes, de manera singular en el empleo público. Esperanza Aguirre ha puesto en evidencia a los enfermos imaginarios. Cerca de 3.000 han retornado de forma fulminante a sus puestos de trabajo cuando la presidenta amagó con reducir los sueldos durante las ausencias. Se trata de una trampa más que se ha hecho costumbre. Son incontables los funcionarios que consideran un derecho consolidado el tomarse unos días de vacaciones con el pretexto de una enfermedad inexistente.

Los sindicatos, piezas imprescindibles de la democracia pluralista, precisan de un regeneración profunda. He dicho en muchas ocasiones que las dos grandes centrales sindicales -CCOO y UGT- facilitaron de forma responsable la Transición. Nicolás Redondo y, sobre todo, el gran Marcelino Camacho, fueron piezas claves para salir sin traumas de la dictadura y establecer la democracia pluralista plena. Luego, poco a poco, los sindicatos se han convertido en un negocio y en generosas agencias de colocación. El 90% de lo que gastan es dinero público que reciben directa o indirectamente a través de subvenciones incesantes y de las más variopintas camelancias.

Va siendo hora de denunciar abiertamente el escándalo del despilfarro de los partidos políticos y de las centrales sindicales, colgados todos de la teta del Estado. Es imprescindible una ley que imponga a unos y a otras que se financien exclusivamente a través de las cuotas de sus afiliados.

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Luis María Anson es miembro de la Real Academia Española.
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http://e-pesimo.blogspot.com/2012/02/firmas-luis-maria-anson-espa...

14 Febrero 2012 | 01:22 PM

Cap de Pedra

Cap de Pedra dijo

¿ Alguien se ha dado cuenta que mientras en el sector productivo hay penuria y paros a mansalva, en el sindicato siguen cagándose de la risa que les da estar de puta madre?

14 Febrero 2012 | 01:42 PM

Esponja Chiflada

Esponja Chiflada dijo

Se acabó el cerrar empresas por las abusivas exigencias de los sindicalistas que no se juegan nada. Se acabó cambiar reivindicaciones por paro. Se acabó jugar con el empleo de los demás y seguir consumiendo en los mejores restaurantes. Y sobre todo, se acabó representar a todos los trabajadores sin tener su apoyo de verdad y con el dinero del estado. ¡Ya esta bien , coño!

14 Febrero 2012 | 01:48 PM

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Apoyado en el quicio, perplejo y preocupado ante una sociedad blanda que pasa de historias, tratando de averiguar por qué chirría con su amado óxido. Para mis adentros. Será la edad (España).



La partida continúa hasta la derrota del terrorismo. Fot. Mitxi.

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