Horizontes de grandeza
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[Colaboración especial de El Xiquet de Columbretes].
Relato breve.
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Desde pequeño, cuando fui consciente de mi cuerpo, comprendí que aquel apéndice que colgaba entre mis piernas estaba destinado a alcanzar grandes logros. Enseguida acordé reservarlo para la mujer de mi vida. Alguien que se mereciera tan bello y majestuoso regalo debería ser además de guapa, alta y airosa, una compañera que me hiciera reír al compás de la inteligencia y su buen dinero. Una persona cariñosa y volcada en mis necesidades. Nada de ir probando con cuerpos que no dieran la talla y que no llamaran a mi puerta desde la sensibilidad.
Me dediqué de lleno a él, mi niño, a preservarlo, siempre recogido y resguardado para que no sufriera ningún incidente o contratiempo; ponerlo a salvo de las mujeres y hombres lascivos y peligrosos. Mantenerlo impoluto para el día de su estreno. Debía de favorecer la aproximación de un cuerpo y alma que le resultaran ejemplares. Era exigente y no me conformaba con cualquiera. Algo así no lo tenía nadie y yo, consciente de ese milagro, lo mimé a la espera de lo mejor para mi atributo.
Le hice probar todas las fuentes milagrosas del mundo hasta llegar al "Manantial del Samaritano" donde lo sumergí en sus aguas para potenciarle la salud. Y lo bañé en agua de rosas bajo la "Cascada de las Niñas" recibiendo la energía de sus sagradas gotas. No cejé en darle masajes terapéuticos con aceite de escaramujo y de romero. L expuse a los energizantes rayos de la tormenta solar. Y lo subí al Tindalla, la montaña sagrada de los Majoreros y, allí, le hice ver las inigualables lunas de "Endor", en el horizonte sublime, para que se cargara de ensoñación.
Han pasado muchos años y debo de reconocer que ahora ya no es lo que era. Lo veo cabizbajo y repleto de patas de gallo ya eternas y creo firmemente que fui un iluso. Arrugado y llorón sobre el pañal, me mira grave con su ojo rasgado y critica mis ilusorios delirios de grandeza. La verdad es que nunca ha tenido a nadie que lo arrope y lo mime excepto yo. Una vida muy monótona. Me equivoqué aspirando tan alto. Por eso decidí antes de mi autoconfinamiento definitivo, darle la ocasión de un soñado triunfo. Y pagué a una joven estudiante muy atractiva para que, poniéndolo a prueba, valorase sus hechuras y conducta.
La desconocida, como las jineteras de ultramar, cabalgaba airosa y con lucimiento, repleta de emociones nuevas. Y en un momento, el sublime gozo le hizo gemir de continuo y progresivamente hasta originarle una descomunal aceleración. Tan poco controlada que descolocó escasamente a mi niño, pero lo suficiente para que, víctima del agitado peso de aquel culo, se acodara, produciéndose un restallido.
Durante un tiempo estuvo saturado de dolor y de muchos colores: rojo, azul, violeta... Algo se fracturó, pues desde entonces estamos los dos igual: solos y encorvados para siempre.
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El Xiquet de Columbretes [2012]. Todos los derechos reservados.
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'Viejo corredor' [2010]. Pintura de Ángel Ballestero [España, 1970]. 1º Premio en el XII Certámenes del Vicerrectorado de Deportes de la Universidad Politécnica de Valencia. Via web del pintor.
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Regaliz dijo
Aspirar a lo mejor es bueno, aspirar con obcecación, peligroso y hacerlo con una exigencia desmesurada es suicidarse.
26 Febrero 2012 | 09:07 AM