Aquella maldita eu[ro]foria
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'Las ruinas del Edén' [2001]. Avalanch [España, 1993], de su disco 'El angel caído' [2001], con nueva versión en el álbum 'Las ruinas del Edén' [2004]. ♪♪ ♫ Joe1Lage. Letra.
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"[...] Llora el cielo, llora el cielo y la mar sabe que no es azul el viento ha dejado de hablar Y el sol ahora esconde su luz. No entiendo. Si ya lo has destrozado, que más quieres de mí un día, tal vez seas sensato... pero hoy tendrás que sufrir: Las ruinas del Edén. [...]".
Saldando cuentas
El ciudadano tuvo que sacrificarse duramente hasta 2002, para cumplir los requisitos exigidos a aquellos Estados que quisieron formar parte de la zona Euro. El cambio le supuso, de hecho, una fuerte devaluación. Por si fuera poco, inmediatamente, los precios en España, sobre todo en hostelería, se dispararon de forma alocada, contribuyendo a ello el Gobierno con una pésima política de educación ciudadana en materia de equivalencias monetarias y acortando estúpidamente el tiempo en que fue obligatorio que los precios figuraran, a la vez, en pesetas y euros.
De la noche a la mañana, por ejemplo, el café pasó a costar 1 euro [166 pts], cuando su precio, como mucho, era de 100 pesetas. Y la gente sin entender del todo la estafa, creyendo, para siempre, que ese euro sonaba a las antiguas cien pesetas.
¿Que ventajas aportaba, pues, el euro, para el hombre de la calle? Sólo una: que en España, donde se tiene a gala el endeudarse por obtener una casa en propiedad, desaparecieron las habituales hipotecas al 17% y los créditos con intereses de escándalo. Había llegado la estabilidad monetaria y, con ella, los préstamos fantásticos, casi sin interés, en comodísimos plazos.
El círculo se cerró con una serie de maniobras que raptaron a la población hipnóticamente. En aras a la libertad de 'género' se impulsó la incorporación de la mujer al trabajo no cualificado, con el fin de que la nueva familia desestructurada dedicara más de un sueldo a pagar créditos por compra de bienes y servicios absolutamente innecesarios, que ella misma contribuía a poner en el mercado. Vivir para trabajar.
La gente escuchó tales cantos de sirena y se desató la adquisición de mejores inmuebles, mejores coches, mejores viajes, mejores de todo. La sociedad de consumo endeudada hasta las cejas por y para la obtención de un capital que superaba con infinitas creces los caros intereses de antes del euro. Una suma de 'burbujas' consistentes en comprar el bien o servicio por mucho más de lo que valía y comprometerse a pagar tales deudas en asequibles plazos pero durante toda una vida.
Con una particularidad: también las Administraciones Públicas, los políticos, se contagiaron con el invento, dedicándose a invertir en faraónicas majaderías que la sociedad española, cuando volviera a la normalidad, no podría permitirse. Venga Universidades, aeropuertos, piscinas municipales, funcionarios, polideportivos, eventos, qué sé yo. Contra el vicio de pedir, la nueva virtud de dar.
Una suerte de estafa piramidal que estalló cuando, por un lado, el consumo tocó techo con impagables créditos basura y, por otro, la economía española se quebraba también por abajo, recibiendo alegremente millones de productos importados, fundamentalmente chinos, a precios de risa.
O sea, bastaron 6 años de euroeuforia para hundir al país. 2002-2008. Qué sencillo. Ahora los ciudadanos, las familias y las Administraciones tendrán que 'reducirse' durante muchos años, en la ruina más absoluta, sólo para pagar las deudas.
Los españoles, todos hijos pródigos, volviendo a aquella su antigua casa , que nunca debimos abandonar.
Encima, sin poder salir del euro porque ello supondría la suma de otra nueva ruina devaluatoria de dimensiones inconmensurables.
Y ya no podemos más.
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En pelotas
Ignacio Camacho en ABC, 010312.
ESTAMOS caninos. Tiesos como la mojama, boquerones, sin blanca. Los ciudadanos hace tiempo que lo sabemos y el que no lo haya advertido aún que mire la nómina de febrero, pero los políticos se acaban de caer del guindo. «¡Vamos desnudos!»: el lamento patético del presidente de Cantabria, Ignacio Diego -¿Ignacio o Diego? que diría el malvado Borges- es la sirena de alarma de un edificio a punto de derrumbe.
El Estado autonómico ha entrado en colapso; sus arcas están tan vacías como los bolsillos de la gente común. No queda un euro en los reinos de taifas y deben hasta de callarse. La devastadora máquina de gastar se ha quedado sin combustible.
Estos virreyes convertidos en plañideras se podían haber apercibido antes. Cuando construían aeropuertos sin aviones y parques temáticos sin visitas. Cuando organizaban carreras de coches y lujosos campeonatos de tenis o de vela.
Cuando se instalaban en faraónicos palacios con lámparas de 8.000 euros la pieza. Cuando organizaban falsas jubilaciones masivas trufadas de intrusos. Cuando ejercían pulsos de influencia para llevar hasta su pueblo Aves vacíos. Cuando multiplicaban las delegaciones territoriales para extender en las provincias el manto clientelar del poder.
Cuando fundaban consejillos consultivos y observatorios de la nada para colocar a figurones desahuciados. Cuando enterraban cientos de millones en televisiones dedicadas a su mayor gloria. Cuando reunían la mayor flota de coches oficiales de Europa. Cuando abrían estériles embajadas en el extranjero. Cuando creaban tribunales incapaces de agilizar los pleitos.
Cuando reclamaban cuerpos de policía propios que al primer delito grave acababan llamando a la Guardia Civil. Cuando derramaban subvenciones para someter al tejido social. Cuando priorizaban políticas lingüísticas excluyentes. Cuando duplicaban la burocracia mediante empresas públicas para escapar al control administrativo de las cuentas que ahora han dejado de cuadrarles.
Ah, pero entonces esto era Jauja, un país donde crecían jamones de para negra entre montañas de ladrillos, y donde las comitivas de próceres de barrio desfilaban con boato de señores feudales. Ahora se acuerdan de que no tienen dinero para pagar la sanidad y la educación; una educación que por cierto nunca han logrado sacar de la cola de rendimiento de Europa.
Claman que van en pelotas pero todavía no han disuelto ningún consejo asesor ni cerrado ninguna televisión autonómica. A base de caprichos irresponsables han llevado el modelo territorial, que antes de la apoteosis del despilfarro era un paradigma de cohesión, a un bloqueo insostenible que amenaza la viabilidad misma del Estado.
Y lo peor es que encerrados en su burbuja de visión corta no saben de dónde recortar ni de qué gastos prescindir. Dicen que van desnudos, pero a algunos que más vale no señalar les sobraban no hace mucho los trajes.
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Elena Golden dijo
Si Bruselas no cede no lo podremos resistir.
1 Marzo 2012 | 10:03 AM